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POR LA ASAMBLEA
¿Qué derecho, qué razón política, qué ambición personal -–por legítima
que ésta sea--, cuáles ridículas rencillas personales pueden justificar
que nos dividamos los demócratas cubanos ahora, justamente ahora en que
la decrepitud del Tirano y de su régimen podría hacernos concebir
ciertas esperanzas de libertad y justicia para nuestra patria?
Por Orlando Fondevila Suárez*
Madrid
España
Columnista
La Nueva Cuba
Febrero 20, 2005
Confieso que escribo sin saber muy bien qué decir. Quiero medir
milimétricamente mis palabras. No quiero decir ni una de más ni una de
menos. Incluso no alcanzo a definir muy bien mis sentimientos, aunque
probablemente el predominante sea el de la tristeza. Siento tristeza,
una abrumadora tristeza por Cuba. Pienso en estos momentos en las miles
de cruces que el Memorial cubano está sembrando, hoy mismo, para
recordar a las víctimas del horror del castrismo. Pienso en los decenas
de miles de buenos cubanos que a lo largo de décadas han pasado por las
cárceles, muchos de ellos sufriendo la humillación y la tortura la mitad
de sus vidas. Pienso en los centenares de miles de familiares y
allegados que han padecido, en la angustia y la impotencia, el martirio
de sus familiares y amigos. Pienso en los que han muerto en las aguas
del Estrecho en medio de la desesperación y en pos de sueños de libertad
y mejor vida truncados. Pienso en la miseria, material y espiritual, de
varias generaciones de cubanos aplastados sin piedad por la Historia.
Pienso en el inducido envilecimiento de la sociedad cubana. Pienso, y me
estremece, en la posibilidad de que finalmente el castrismo se pueda
perpetuar más allá del Tirano y que tanto crimen pueda quedar impune.
¿Qué derecho, qué razón política, qué ambición personal -–por legítima
que ésta sea--, cuáles ridículas rencillas personales pueden justificar
que nos dividamos los demócratas cubanos ahora, justamente ahora en que
la decrepitud del Tirano y de su régimen podría hacernos concebir
ciertas esperanzas de libertad y justicia para nuestra patria?
Evoco con pena, por simple comparación, algunos pasajes de nuestra
historia de luchas por la independencia en el siglo XIX. Recuerdo a
Martí apartándose dolido del proyecto Gómez -Maceo en 1884, y cómo lo
hizo en silencio al considerar que hubiera sido vil obrar públicamente
en su contra, aunque no lo compartiera.
Recuerdo cómo Gómez y Maceo, años después, olvidando agravios, se
sumaron entonces al proyecto de Martí. Me viene a la mente Maceo, el
gran Maceo, viniendo a la guerra subordinado a Flor Crombet,
precisamente el hombre con quien incluso se había retado a duelo. Me
pregunto si ya no hay cubanos capaces de esas grandezas, de esos
sacrificios por la patria.
Hoy siento una enorme tristeza por mi patria. Si hace unos días
estábamos llenos de expectativas por la convocatoria, absolutamente
inclusiva, de un Congreso organizado por la Asamblea para Promover la
Sociedad Civil en Cuba, a celebrarse el 20 de mayo, y que ha de poner en
jaque al régimen, sobre todo ante el cobarde titubeo de Europa para con
la libertad de Cuba y la corriente de complicidades en América Latina
para con el régimen; si estábamos expectantes ante el respaldo que
estaba teniendo esa convocatoria entre el Exilio y entre líderes
políticos de todo el mundo, hoy tenemos que estar tristes. Con una,
cuando menos, falta de oportunidad enorme, surge otra propuesta que sin
duda alguna puede ser calificada como una zancadilla a la anterior. Esto
es inaceptable. Lo siento. Y sobre todo lo siento porque viene avalada
por firmas que respeto mucho. Aunque no a todas, todo debo decirlo.
No se trata de negar legitimidad a otras opciones, a lo que sería una
sana pluralidad. Se trata de que en este minuto de nuestra historia
nadie tiene derecho a veleidades. Si la Asamblea para Promover la
Sociedad Civil organiza un congreso, si cuenta para ello con otra gran
coalición dentro de Cuba como es Todos Unidos, lo sensato, lo patriótico
y lo ético es apoyar esta iniciativa.
El Congreso de la Asamblea es, va a ser, al día de hoy, el Congreso de
Cuba.
*ORLANDO FONDEVILA nació en La Habana en 1942. Lic. en Psicología por la
Universidad de La Habana. Ha publicado en la Colección Betania de
Poesía, "De cosas sagradas" y "Poesía desde el Paraíso". Actualmente es
redactor de la Revista Hispano-Cubana HC.
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