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LA SOCIEDAD CIVIL
Justicia y Paz. Revista "Vitral" del Centro de Formación Cívica y
Religiosa. Diócesis de Pinar del Río. Cuba. Año 12. No. 69.
Septiembre-Octubre de 2005
¿Cómo comprender mejor la sociedad civil de hoy?
por: Raúl F. Castillo
“No se puede bailar en casa del trompo”, dice un viejo refrán popular
para enfatizar que no se debe hacer “algo” en un lugar donde ese “algo”
se domina bien.
Escribir un artículo sobre la sociedad civil sin ser sociólogo y,
además, intentar publicarlo en una revista(1) que de manera usual aborda
el tema, constituye para mí un estimulante desafío.
Con esta premisa entro en materia con la convicción de que todo lo hecho
en Cuba no agota lo mucho que aún queda por hacer. La diversa, y en
ocasiones discordante, bibliografía(2), puntos de vista, opiniones o
consideraciones, dan argumentos para tal apreciación. Independientemente
de las interpretaciones o enfoques diversos u opuestos, a mi juicio, hay
algunas cuestiones mínimas y a la vez esenciales que a cualquier persona
no especializada, pero sí interesada en el tema, le pudieran servir, al
menos, de base para futuras indagaciones. Para este propósito respondo
de manera sencilla algunas preguntas.
Empezaré por el surgimiento de la sociedad civil; qué es y quiénes la
forman; cómo comprenderla mejor y por último qué puede ofrecernos.
¿Cuándo nace la sociedad civil?
Diría más bien cuándo nace el concepto, porque tal estructura social se
ha conformado gradual y de distintas formas con el decursar del tiempo.
Realmente la idea original toma cuerpo por los siglos XVII-XVIII y no
surge por mandato o capricho, todo lo contrario, surge por necesidad.
Necesidad dada por la falta de libertad de conciencia, de culto, de
expresión, de asociación, de reunión, de desplazamiento y de propiedad
que caracterizaba la época. Locke(3), Smith(4), entre otros, se dieron
cuenta de tal insuficiencia y fueron, quizás, las primeras figuras del
pensamiento teórico-filosófico más relevantes en concebir esta nueva
concepción contractual de carácter social.
El poder político de la monarquía abarcaba a toda la sociedad de la
Europa de entonces y en ella había un amplio sector poblacional, no solo
que no quería, sino que no requería de ese poder. El empuje de la cada
vez mayor densidad y diversidad de personas proporcionaba, de manera
inevitable, el desprendimiento o separación del Estado. Es así, dicho a
grandes rasgos, como se concibe un nuevo espacio social donde los
individuos, mediante previos acuerdos, quedan fuera del poder estatal. A
esta nueva organización se le llamó y sigue llamándosele, sociedad
civil, término compuesto por dos palabras que proceden del latín
“sociatas civiles” y del anglosajón “civil society”.
¿Qué es y quiénes conforman la sociedad civil?
La sociedad civil es cuerpo y alma de la sociedad, es un espacio social
de carácter exclusivamente de vida civil a diferencia de la vida
política comprometida por los miembros del Estado. Ella (la sociedad
civil) se agrupa de manera abierta, autónoma, espontánea, libre y plural
separada del poder político estatal y si falla solo una de estas
características, entonces, no corresponde a la concepción actual de lo
que hoy se quiere definir y defender por sociedad civil.
Es sabido que el gobierno se debe a la sociedad civil y no al revés.
Cuando la sociedad civil queda atrapada por el gobierno, esta
desaparece. Sencillamente, hay poder político gobernante, pero no hay
poder cívico.
De manera que la sociedad civil está constituida por un conjunto de
asociaciones, organizaciones e instituciones, bien sean económicas,
sociales o políticas, privadas o públicas, donde se convive mediante
grupos en el entorno del hogar, del barrio, la escuela, el trabajo,
religión, culturas, medios de comunicación, deportes o recreación, eso
sí, nunca regulados por el Estado. Estas organizaciones no
gubernamentales, muchas de ellas conocidas por las siglas ONG, son
dinámicas, identificadas por una amplia pluralidad, que surgen o
desaparecen a voluntad de los intereses ciudadanos que, de una u otra
manera, comparten, relacionan y articulan estructuras, valores y
conceptos que legitiman o no el poder político, pero no dependen ni son
partes de él. ¿Y una persona que participe en el gobierno puede ser
miembro de la sociedad civil? Si, pero, en mi opinión, siempre y cuando
no ejerza su autoridad proveniente del poder estatal. Su función debe
limitarse exclusivamente a los intereses de la sociedad civil y no a los
de la sociedad política gubernamental. Esto es vital para instaurar
confianza en el seno de cualquier agrupación de carácter civil y así no
inhibir cualquier iniciativa ciudadana.
Ahora bien, resulta en ocasiones polémico afirmar o negar a la Iglesia
como parte de la sociedad civil, al menos en Cuba. Voy a mencionar tres
voces autorizadas, cuyas lecturas pudieran ayudar a aclarar la cuestión
María del Mar Marcos(5), en un artículo reciente, comenta: “como se
recuerda en la declaración Inter insigniores, los problemas de
eclesiología y de teología sacramental, sobre todo cuando tocan el
sacerdocio, no pueden ser resueltos por las ciencias humanas, por mucho
que estas puedan ofrecer aportes en este campo.
Al fin y al cabo, como se declara en el mismo texto, la Iglesia no se
rige por las normas de la sociedad civil. Es una “sociedad diferente de
la sociedad civil, original en su naturaleza y estructura”
Por otro lado, la pastoral Gadium et Spes(6), inciso 42 dice: “La misión
propia que Cristo confió a la Iglesia no es de orden político, económico
o social, pues el fin que le asignó es de orden religioso”.
De manera que si bien la Iglesia, como institución, responde
exclusivamente a la misión religiosa encomendada por Jesús, también esta
misión no se cumple cabalmente cuando se es ajeno a los derechos
fundamentales del hombre, tanto políticos, económicos o sociales.
Respecto a esto los obispos católicos cubanos, a traves
de la Instrucción Teológica-Pastoral(7) La presencia social de la
Iglesia, dicen en el inciso 48: “Aunque la misión de la Iglesia no es
política, quiérase o no, sus Obispos y sus instituciones juegan un papel
social (…)”.
Parece claro entonces, al menos para mí, que las organizaciones, grupos,
etc. de carácter laical, sí forman parte de la sociedad civil, porque se
rigen por las normas establecidas por ella, tales como las enunciadas
anteriormente, pero la Iglesia, como institución, no, ya que su
estructura de gobierno difiere de la secular. Esto no quiere decir que
la Iglesia se desentienda de la sociedad, como aclaran los Obispos
cubanos, sino ayuda a fomentarla y fortalecerla mediante el aporte
responsable y sereno del proyecto de Dios.
¿Cómo comprender mejor la sociedad civil de hoy?
La sociedad civil, desde sus inicios, estuvo influenciada por el
liberalismo; doctrina que aboga por la libertad personal y por el
progreso de la sociedad. De manera que la sociedad civil estuvo y está
marcada por la libertad. Ella germina y se desarrolla cuando hay
libertad. Si no hay libertad no hay sociedad civil.
Pero se sabe que la libertad ha tenido y tiene distintas maneras de
entenderse. Por eso, a mi modo de ver, las sociedades —según el
contexto— han asumido diversas posturas; progresan, se detienen o
retroceden. Cómo ejercer responsablemente la libertad como uno de los
derechos más preciados del ser humano, constituye la clave para
comprender los éxitos o fracasos sociales, políticos o económicos.
Toda persona que adultere el infalible valor de la libertad humana no
logrará comprender, ni dejará comprender a otros, el verdadero alcance
de la sociedad civil. Digamos, si por un lado se limita la libertad, se
corre el riesgo de caer en sistemas totalitarios, o si por el otro, se
abusa de ella exaltando el valor de la libertad sin tener en cuenta la
justicia social, entonces el peligro aparece por el anarquismo o el
neoliberalismo despiadado. En cualquiera de los extremos, los políticos
se aprovechan de las bondades que simboliza el vocablo para sus
ambiciosos fines. Por eso, es frecuente escuchar decir que tal o más
cual nación tiene sociedad civil, cuando realmente no tiene nada de lo
que verdaderamente debería tener. ¿Cómo entender una sociedad civil con
libertad desvirtuada?
Esto no quiere decir que la sociedad civil pueda presentarse como modelo
único, porque negaría su propia esencia. Ella no es, ni debe ser,
entendida por todos de la misma manera ni todos tienen, ni deben tener,
las mismas intenciones, pero hay —al menos—un consenso bastante
generalizado y es que una sociedad civil para que sea civil debe ser
autónoma, libre y espontánea del poder político gobernante.
Hay esfuerzos cubanos —con sus matices, claro— que de una u otra forma,
entienden los derechos civiles como derechos independientes de otros
derechos que pudiera defender el Estado.
Sin embargo, y sin negarle el valor de cada propuesta, lo significativo
no es una u otra variante en particular: lo más revelador para mí
estaría en un modelo incluyente que haga más comprensible, de manera
teórica y práctica, el desarrollo de la capacidad que posee toda persona
de expresar libremente las opiniones propias y la posibilidad de
asociarse para promover, proyectar y ejecutar ideas plausibles dentro de
la vida ciudadana; una sociedad para todos los hombres y mujeres de
buena voluntad, una sociedad de hombres y mujeres que buscan felicidad y
ansían libertad; una sociedad articulada al Estado y viceversa; en
general, una sociedad civil solidaria como muchos gustan llamar(8).
Es cierto que las sociedades actuales son cada vez más diversas y mucho
más complejas por —entre otras cosas— las intolerancias, incomprensiones
y las innumerables e injustificables injusticias de todo tipo. Un mundo
con cizaña, es verdad, pero también con mucho trigo, por ello, no hay
razones para la desesperanza.
Por eso creo que si partimos de esta realidad, lo más oportuno —como se
hace en muchas partes del mundo— es propiciar, o cuando menos solicitar,
espacios para debatir, enseñar y promover, cuanto antes mejor, las
virtudes cívicas en los ciudadanos para que con su libre convicción
puedan influir o participar con conocimiento, sosiego e inteligencia en
la constante perfectibilidad de una forma de sociedad y de gobierno que
respete los intereses de las personas sin dejar de promover y asegurar
el bien común.
No intento dar una retórica más, ni pecar de un optimismo ingenuo, sino
estar consciente, por un lado, de un pasado-presente marcado por grandes
desigualdades e injusticias, y por un presente-futuro que demanda un
esfuerzo por aspirar a una sociedad que cambie tales realidades a través
de garantizar sus propias libertades. Hay evidencias históricas de que
todo grupo humano es capaz de organizarse por voluntad con más
eficiencia y mayor flexibilidad que si lo impone el Estado.
¿Qué nos ofrece la sociedad civil?
En primer lugar, democracia(9). Una sociedad democrática sana lleva
implícita la sociedad civil, porque la democracia es la
institucionalización de la libertad y la sociedad civil la utiliza para
los fines ciudadanos a nivel social. A pesar de los zigzagueos de las
democracias, la gente quiere democracia. Y se quiere porque hasta ahora
es el mejor sistema para garantizar el desarrollo. Que se emplee este
término en regímenes no democráticos es otra cosa. No hubo, hay ni habrá
sistema político exitoso sin democracia. El poder civil debe velar y
exigirle al poder estatal para que haya democracia, de lo contrario las
libertades humanas se distorsionan y enferma la nación.
En segundo lugar, la sociedad civil ofrece identidad cívica propia; no
debe pertenecer a los burócratas del Estado ni a los privados. La
identidad y su poder surgen a partir de la labor ciudadana y esa
actividad debe mediar entre el gobierno y los intereses ciudadanos.
Pudiera aquí radicar la esencia del carácter intermedio, regulador y
flexible de la sociedad civil entre el protagonismo en la vida pública
de la persona y el Estado. Por otro lado, la identidad de la sociedad
civil trasciende el entorno nacional para proyectar sus acciones a nivel
internacional. En este caso la sociedad civil absorbe gestiones públicas
y privadas de carácter internacional sin perder su característica de
asociación libre no gubernamental.
En tercer lugar, la sociedad civil proporciona poder a través de su voz
pública, de su voz ciudadana. Es la voz que quienes la conocen y saben
utilizarla no ignoran en la potencialidad de su alcance; incluso su
fuerza y su eficacia puede ser mayor que la voz del Estado.
A veces a una persona que ha vivido bajo un régimen estatista le resulta
difícil entender estas cosas, le cuesta trabajo darse cuenta cómo un
país puede atravesar una crisis gubernamental como si no pasara nada, y
es porque la sociedad civil se encarga, en buena medida, de amortiguar
ese déficit hasta que ella misma corrige el defecto. Dicho de otra
manera, cuando a diario conocemos por los medios de comunicación como la
TV, la radio o la prensa escrita, protestas populares contra un orden
injusto de uno u otro país, es porque esa nación cuenta con una sociedad
civil que de alguna manera retroalimenta al gobierno. Poner en crisis al
gobierno no significa detener la vida ciudadana común. Pocas personas
dudan de esto ni tampoco del beneficio que ello representa para la
sociedad. Los sistemas democráticos de hoy están desplazando a los
regímenes dictatoriales de ayer.
Por otro lado, no parece ser que las sociedades civiles proclamadas por
una buena parte del mundo postmoderno y actualmente en progreso en
muchos países sean tan egoístas. Las sociedades civiles caracterizadas
por la libertad y solidaridad ganan terreno ante el deficiente Estado.
Quizás, este sea uno de los mayores retos para las generaciones de
cubanos de hoy y de mañana: moldear una sociedad civil que busque, de
manera permanente, las vías para alcanzar una alta calidad de vida
basada en la libertad y justicia social. Sencillamente una sociedad en
que puedan cifrase muchas esperanzas.
Notas y referencias
[1] Ver relaciones y artículos publicados: http://www.vitral.org
[2] Diez años de Temas. Índice bibliográfico, 2004.
Cito solo las relaciones de artículos publicados en la rev. Vitral (1) y
Temas
; dos publicaciones muy representativas de autores cubanos.
[3] John Locke (1632-1704), filósofo inglés, máximo representante del
Empirismo.
[4] Adam Smith (1723-1790), economista y filósofo inglés. Permitió crear
las bases de carácter científico para una moderna economía.
[5] María del Mar Marcos:”Exclusión de las mujeres en la Iglesia
Católica”. Revista Temas, No. 37-38, abril-sept., 2004, pp. 54. La
Habana, Cuba.
[6] Constitución del Concilio Vaticano II, promulgada el 7 de diciembre
de 1965. Sobre la Iglesia en el mundo actual.
[7] Firmada el 8 de septiembre del 2003. Festividad de la Virgen de la
Caridad del Cobre. Patrona de Cuba.
[8] Adela Cortina:10 palabras claves en filosofía política. Soc. Civil.
Edit.Verbo 1998, pp 353, Navarra, España.
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