DOCUMENTOS ENVIADOS POR EXILIO PARA DISCUTIR EN LA REUNIÓN GENERAL
DEL 20 DE MAYO DE 2005.
Cuba: Sin Familia No Hay Nación.
Por: Alberto Luzárraga
El estado de la familia en Cuba es un tema imposible de soslayar si
esperamos que nuestra patria renazca como nación.
Sabemos que el marxismo divide para gobernar tiránicamente. Desde su
inicio atacó a fondo la familia, célula social básica, ya que una
vez controlada por el estado facilitaba su designio de obtener un
poder absoluto. El método utilizado fue atacar el modelo familiar
que llamaron 'patriarcal.' Para el marxismo era tan sólo un
'pretexto' para someter a la mujer. Lo correcto era la emancipación
y el amor libre. De los hijos se encargaba el estado. Ustedes
diviértanse que yo, estado, pago los gastos. No era más que un
método de hacerse de materia prima i.e. niños para adoctrinar. Y si
no consiguen control absoluto sobre el niño, porque el amor maternal
es invencible, fuerzan la separación familiar a través de las
escuelas del campo y otras aberraciones.
La mentira marxista fue definir la relación hombre y mujer como una
de enemistad y/o rivalidad en vez de complementariedad en la que
cada uno necesita del otro para llegar a ser lo que totalmente debe
ser. Según esta falacia,
la mujer, para ser mujer, debe constituirse en antagonista del
hombre. La mentalidad patriarcal del hombre genera 'abusos de poder'
y a ello se debe responder con una búsqueda del poder. Es la tesis
del feminismo radical, que adoptó la ideología marxista de la lucha
de clases, a diferencia del feminismo civilista que se concentró en
procesos democráticos, razonables y constructivos. El civilismo
logró la igualdad en el sufragio, en el trabajo etc. mostrando que
bajo el principio democrático esencial, la igualdad ante la ley,
nada diferente era lógico ni aceptable.
Pensemos en las consecuencias de la ideología marxista aplicada a la
madre. La mujer supuestamente 'liberada' queda en desventaja pues de
ser soltera tiene que afrontar el embarazo y lidiar con el amante
irresponsable que cínicamente se lava las manos pues no le 'consta'
su paternidad. Hoy en día se puede probar, pero la irresponsabilidad
se mantiene porque en definitiva el amor libre no implica compromiso
de vida común sino placer pasajero.
Si es casada la situación es tan sólo marginalmente mejor. En el
sistema descrito el matrimonio queda relegado a una especie de
tregua entre los sexos. En Cuba el divorcio es fácil. Si es por
consenso mutuo basta declararlo ante notario. No es pues de extrañar
que en 1999 hubo 69.9% divorcios por cada 100 matrimonios. El hombre
puede abandonar la familia, casarse con otra más joven (lo que en
Cuba llaman la tití-manía i.e. casarse con un pollito) y sólo estar
obligado a una mísera pensión. No alcanza para nada y pone a la
mujer y a su prole en manos del estado marxista que es en efecto un
'patriarca' del cual no hay forma de liberarse.
En resumen, una verdadera ratonera existencial que explota las
debilidades humanas: machismo e irresponsabilidad masculina,
debilidad e ilusión femenina con recurso al aborto repetitivo y
traumático como método de procurar la igualdad en la
irresponsabilidad.
El resultado es dos seres humanos, hombre y mujer, heridos en su
intimidad y por ello más susceptibles de manipulación por el estado.
Mantener a la gente entretenida con el sexo, único escape momentáneo
del totalitarismo es bueno para el despotismo. Los enredos que crea
el divorcio fácil también lo son. La gente envuelta en el remolino
de sus emociones no piensa en política. Y la familia queda
destrozada por la promiscuidad, los celos, y los divorcios, con las
consecuencias obvias para los hijos. Es presa fácil para el estado.
Hasta aquí el destrozo marxista causante de tanto y tan obvio daño
en nuestra patria. Tal vez pueda esperarse una reacción en contra,
pues ninguna sociedad aspira a destruirse. A veces hay que descender
al sótano para comenzar el ascenso. Y la juventud cubana que al
mirar alrededor, ve las consecuencias, es como toda juventud, aspira
a progresar, a encontrar su pareja ideal, a crear una familia
estable.
La familia no sufre tan sólo embates del marxismo. Hoy enfrentamos
una falacia nueva, más siniestra, y más radical. El aspecto
biológico del sexo con que nacemos se minimiza. Lo importante nos
dicen, es el 'género', que es una condición puramente 'cultural' y
por tanto mudable. Quiere decir que una mujer puede ser muy 'macha'
y un hombre muy 'hembra.' Todo es cuestión de educación y
condicionamiento. Por ello una familia con dos miembros de diferente
sexo no es necesaria, sólo es necesario que tengan género diferente.
Y de ahí pasamos a la justificación del 'matrimonio' homosexual y a
la equiparación de todas las conductas con respecto a la familia. El
efecto sobre los niños que adoptarían las parejas homosexuales se
soslaya. Que vivan con su 'diferencia' pues es una mera cuestión
'cultural.'
Esta falacia no la inventó el marxismo. Surgió del mundo occidental
y podemos prever que será exportada a Cuba junto al feminismo
radical.
A fin de cuentas hay material para radicalizar. Muchas mujeres en
Cuba están justamente resentidas de su condición de objeto sexual, y
el feminismo radical les da la ilusión del desquite. La ideología de
la lucha de clases que se ha vendido en Cuba por 45 años está
presente para ser explotada.
Cuando la moral social familiar es baja, es fácil vender cualquier
conducta. No nos extrañaría que en la Cuba futura para algunos sea
fácil tolerar el matrimonio homosexual como cuestión 'progresista' y
no como un ataque muy peligroso a la familia que corroe la fibra de
la nación.
El remedio para salir del atolladero moral y social es dar valor al
matrimonio entre hombre y mujer que genere una relación familiar
estable.
La historia de todas las naciones muestra que sin una familia sana
no hay ciudadanos virtuosos y sin ellos no hay ni república ni
estado de derecho. Sólo existe una masa informe en que el egoísmo es
la moneda de cambio. Esas sociedades fracasan o son absorbidas o
dominadas y explotadas por otras más fuertes o más morales.
Para potenciar la familia hay que volver a valorar la maternidad en
la forma que siempre se acostumbró en Cuba. Esto hace que los
hombres busquen como compañera a la madre de sus hijos y ello genera
respeto hacia la mujer
Implica también, resaltar el valor inestimable del trabajo femenino
en el hogar. Es preciso enaltecerlo y no disminuirlo como hace hoy
el feminismo radical. La intuición de la madre de que lo mejor de sí
es lograr que sus hijos sean todo lo que pueden ser, y su esfuerzo
para conseguirlo es un don insustituible. Su capacidad de amor y
fortaleza en la adversidad ha sido demostrada a lo largo de nuestra
historia pasada y presente. La mujer que escoja dedicar su tiempo al
hogar no debe de ser ridiculizada ni disminuida sino alabada en su
sacrificio.
Realmente es profundamente injusto y absurdo no hacerlo. El padre
Varela nos recordó: "El primer maestro del hombre es la mujer." Y
aquí debe entenderse hombre en su sentido etimológico: humanidad.
Por eso es que los cubanos siempre quisieron educar a sus hijas a
fin de que tengan una gama de opciones. Una madre culta es un mejor
profesor y una mujer educada se puede ganar la vida si ello es lo
que escoge hacer. Si la mujer por razones económicas debe trabajar
para ayudar al hogar entonces hay que facilitarle el ser madre y
trabajadora y no penalizarla en cuanto a salario ni oportunidades.
De ello tenemos excelentes antecedentes en la república. Y si quiere
ser profesional solamente, también bueno, que lo sea.
La familia en la Cuba futura debe ser objeto de atención preferente
e inmediata. Debe gozar de ventajas fiscales y de estímulos morales
y económicos. La separación de las parejas con hijos no debe de ser
asunto rayano en lo irresponsable por lo fácil. Se perjudica a
terceros inocentes. Por ello en muchos países se intenta la
reconciliación y se da un período de tiempo para ello antes de
acceder a romper el vínculo. Este sistema va expandiéndose, ya que
aunque no prospere la reconciliación, la demora fuerza a entender
que se toma un paso grave que implica una responsabilidad futura.
Crear una jurisdicción especial de tribunales familiares parecería
inevitable pues los problemas son enormes.
Recordemos pues: todas nuestras aspiraciones de libertad y de una
Cuba mejor no son nada sin una familia sana. Rechacemos el egoísmo
de hacer lo que me parece y allá las consecuencias. Las
instituciones sociales existen porque resuelven problemas. Si las
destrozamos matamos las soluciones. Es tan simple como todo eso.
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