DOCUMENTOS ENVIADOS POR EXILIO PARA DISCUTIR EN LA REUNIÓN GENERAL
DEL 20 DE MAYO DE 2005.
PRIVATIZACION EN CUBA:
¿FACTOR DE UNION Y
DESARROLLO O DE CONFLICTO SOCIAL?
por:
Alberto Luzárraga
Presentado en la Reunión de la Asociación para el Estudio de la
Economía Cubana, Miami, Florida, y en la Universidad de Georgetown
School of Government
I- INTRODUCCION.
La privatización de la economía cubana, proceso
inevitable que a pesar del régimen ya está en marcha, es un tema que
no obstante haber sido estudiado desde diversos aspectos sufre de
cierto soslayo en cuanto al problema básico que implica: la
aceptación de que para llevarla a cabo hay que llegar a una
concertación de intereses, donde todos los involucrados van a tener
que ceder en algo.
Hay muchos puntos de vista pero usualmente
enfatizan un aspecto de la cuestión que suele ser jurídico,
económico o político. Tal vez sea útil plantear los extremos a fin
de definir el problema. Para el jurista a ultranza, debe primar la
subsanación de las injusticias y la vuelta al "status quo" anterior;
para el economista que sólo enfoca en la eficiencia y la
productividad lo que debe primar es el mejor resultado económico; y
para el que considera la política como el arte de obtener la mayor
popularidad con el mínimo de problemas la privatización se
acomodaría a esa premisa.
No hay duda de que en un arreglo del devenir
cubano hay que hacer justicia, ser eficientes y obtener un consenso
de la población respetando las ideas siempre que no sean impuestas,
patentemente nocivas o absurdas. El problema es de grado y de
definir los límites mínimos que cada factor social puede y debe
aceptar. Los países progresan cuando los ciudadanos saben que
usualmente es imposible obtener la sociedad ideal que cada cual
define para sí, pero que sí es posible vivir en una situación muy
aceptable aunque siempre se aspire a mejorar alguna cosa.
Los cubanos lo sabemos también, pero sufrimos de
dos traumas, el del exilio y el de la tiranía.
El exiliado tiende a guiarse instintivamente por
la nostalgia, y sueña con un cambio rápido que haga volver a Cuba la
prosperidad y la libertad, pero su vida diaria no depende de ello.
Es una aspiración más espiritual que material. El cubano residente
en la isla sueña también con la misma Cuba pero tiene la natural
aprensión de un futuro que desconoce.
El régimen ha explotado esta aprensión
presentando al exilio como un conjunto de codiciosos sin corazón que
sólo quieren recobrar sus propiedades y para ello gestionan embargos
y legislación revanchista.
Sabemos de sobra que no es así, pero es fácil
distorsionar cualquier posición cuando se controlan los medios de
comunicación; aparte de que en ocasiones algunos sectores del exilio
inconscientemente ayudan al régimen tomando posturas que no son muy
realistas ni ponderadas.
Los países del antiguo telón de hierro que han
tomado el camino de la reforma han pasado y están aún pasando por
diversos traumas pero han llegado a un mínimo de convivencia. Los
que han vuelto de dictaduras de derecha a regímenes democráticos
tales como Chile, Argentina o España han hecho lo mismo, aceptando
cosas que parecían imposibles antes del cambio.
¿Quién iba a pensar que Santiago Carrillo
volviese a España o que el ejército chileno aceptase volver a sus
cuarteles sin disparar un tiro o que Gorbachev cediese el puesto a
Yeltsin?
En todos los casos el cambio político ha ido
acompañado de un cambio económico potenciado por la privatización.
Sin duda ha sido tal vez el factor más importante, puesto que sin
propiedad privada no hay libertades políticas, pero el cambio de la
propiedad estatal a la propiedad privada no se ha desarrollado en el
vacío.
Según de que país se tratase, de 40 a 70 años
habrían transcurrido y al hacer los cambios se hizo necesario tomar
en cuenta no sólo lo que sería teóricamente ideal, sino lo que
parecía ser factible en el contexto jurídico, económico y político
del momento vivido.
Cuba no va a ser una excepción. Los seres humanos
reaccionamos en forma parecida ante problemas similares y a lo que
debiéramos aspirar como cubanos es a hacerlo mejor que los que nos
antecedieron en el proceso, lo cual no significa copiar
irreflexivamente, sino crear con un espíritu que sea justo y
cubano.
Tal vez seamos unos románticos pero creemos que
Cuba tiene algo que aportar al proceso de organización social del
siglo XXI. Al fin y al cabo experiencias no nos faltan. En un siglo
hemos tenido capitalismo colonial, capitalismo clásico, períodos de
social democracia y despotismo marxista.
Las posiciones extremas del exilio adolocen de
una cierta inconsistencia conceptual. Se sueña con la restauración
de la Constitución del 40 en su integridad, pero se hace poco caso
al hecho de que fué una Constitución social demócrata con una serie
de ideas que son anatema al esquema neo-liberal hoy en boga.
Lo cual no quiere decir que estas ideas sean
necesariamente incorrectas, pero sí que van a sufrir un rudo ataque
de ciertos sectores que aportarían capitales sólo si se les complace
en lo que ellos estiman que es un esquema económico consecuente con
sus aspiraciones.
El exilio no ha enfocado este problema en forma
sistemática, dejándolo para después o adhiriéndose totalmente al
sistema en boga, sin reflexionar a fondo sobre lo que convendría o
no convendría hacer en un momento dado y en unas circunstancias
difíciles.
Los cubanos de la isla a veces también son
inconsistentes en cuanto a pretender que se mantenga un alto nivel
asistencial del Estado (por encima de la educación y la salud), pues
ello implicaría el control de buena parte de sus vidas y un nivel de
tributación que pudiera ser asfixiante.
Debe pensarse que en una Cuba libre habrá que
remunerar adecuadamente a los que presten los servicios y como bien
sabemos el Estado paga con los recursos extraídos a los gobernados.
Mantener un servicio de salud y de educación de primera son dos
aspiraciones legítimas pero probablemente absorberían la mayor parte
del presupuesto o en su defecto tendrían que ser pagados en parte y
directamente por los ciudadanos.
Una sociedad libre y progresista resuelve estos
problemas encarándolos con un espíritu práctico, cívico, patriótico
y lo más importante: espíritu de virtud y de verdad. Los
grandes pensadores, desde Tocqueville que dijo que América es grande
porque es buena hasta Montesquieu que hacía residir las bases del
Estado y de la libertad en la virtud, lo han identificado
claramente.
En Cuba ha faltado totalmente la virtud al nivel
oficial por 40 años. Antes de Castro también teníamos nuestros
fallos que es preciso reconocer, aunque sin caer en las diatribas y
difamaciones del presente régimen que engorda todos los vicios
pasados para disimular los suyos.
La privatización va a ser el tema neurálgico del
concierto social y puede ser fuente de concordia o de nuevas luchas
y seria discordia según se maneje. De aquí el título de este
trabajo.
El objetivo es intentar definir las
contrapartidas que los cubanos debemos manejar, las cosas que las
diversas tendencias deben ceder y los mínimos por los que es
razonable luchar y no ceder. Y hablamos de mínimos porque los
conciertos sociales se hacen a base de eso y no de pasar la cuenta
íntegra al opositor.
Presentamos estas premisas básicas bajo el título
de contrapartidas porque lo son. Ninguna funciona sin una
reciprocidad de la otra parte involucrada en el quehacer de la
reconstrucción.
Hemos omitido las formulaciones exclusivamente
técnicas porque después de meditar sobre soluciones a diversos
problemas, llegamos a la conclusión de que el exceso de detalle
provoca más confusión que claridad.
Hay muchos datos sobre la situación actual que
ignoramos (las estadísticas no son confiables) y asimismo ignoramos
las circunstancias de tiempo y situación económica y social al
momento de implementar las reformas. Creemos pues, que lo más útil
es comenzar a pensar en cuáles principios debemos acoger para
lograr reconstruir, que en propuestas demasiado específicas. Así
pues, este trabajo sólo pretende lo siguiente: estimular la
reflexión.
Y después de reflexionar, debemos poner de
nuestra parte. Para arreglar a Cuba, hay que contar primero que nada
con buena voluntad y segundo, como dijo Agramonte, "con la verguenza
de los cubanos", pues verguenza nos ha de dar ver a nuestro país
sumido en la miseria y la destrucción física y moral mientras los
demás progresan.
II- EL ASPECTO
JURIDICO.
No existe duda de que para que un país funcione y
prospere tiene que existir respeto por la ley y las instituciones
que ésta crea y ampara. Perdemos el tiempo ideando soluciones
económicas "brillantes" si no hay voluntad de aceptar que existen
límites razonables a la conducta humana. Este asentimiento de la
voluntad a la norma jurídica es en cierta forma un fenómeno
psicológico, pues la efectividad de la ley sólo depende en parte de
la capacidad de forzar su cumplimiento a través de los medios
legítimos (tribunales, etc.). La verdadera efectividad surge del
convencimiento social de que es mejor vivir bajo la ley, pues la
alternativa es la barbarie.
La característica básica de la ley para que sea
aceptada es que sea justa y que se dirija al bien común. Este
es el aspecto esencial y hay que convenir que el bien común con
frecuencia no equivale ciento por ciento al bien individual.
Para llegar a un acuerdo justo hay que estar
dispuesto a conceder ciertas cosas y a mantener unos mínimos. En los
contratos consensuales que encontramos en la vida cotidiana, los
cubanos sabemos que este principio es cierto y lo aplicamos sin
mayores dudas. En general no hemos sido así en la contienda
política, guiándonos frecuentemente por la pasión sectaria aunque
hemos tenido etapas de gran lucidez de pensamiento. Veamos cuales
son las principales contrapartidas jurídicas que los cubanos deben
negociar.
Primera contrapartida jurídica.
Después de 40 años de arbitrariedad el pueblo
cubano está deseoso de vivir bajo un sistema en que la ley no
refleje el capricho o la ideología de un sector de la población.
Pero, para que el sistema no resurja viciado hay que empezar por
reconocer que se violó el Estado de Derecho y las Leyes de la
República de Cuba. La República es nuestro país y no la Revolución
de Castro, que constituye sólo un episodio de su historia.
Enunciaríamos así la contrapartida:
Hay que aceptar que en muchas cosas se actuó
injustamente y estar dispuesto a subsanar las injusticias en la
medida de lo posible. El pueblo
cubano de la Isla tiene que superar su aprensión y enfrentar este
reto en forma inteligente y constructiva.
Segunda contrapartida jurídica.
Qué cosas son posibles es un tema legítimo a
discutir. Aquí es útil insertar el preámbulo de la ley Húngara de
"Compensación Parcial por Daños Causados por El Estado". Dice así:
En el interés de estabilizar las relaciones de
propiedad, crear las condiciones
necesarias para la seguridad de las empresas y
una economía de mercado,
el Parlamento guiado por el principio de
constitucionalidad, y teniendo en
cuenta el sentido de justicia y la capacidad
de la sociedad, ha dictado la
siguiente ley para remediar los daños ilegalmente
causados por el Estado a las
propiedades de los ciudadanos".
Obsérvese que la ley habla del principio de
constitucionalidad y de la necesidad de hacer justicia, pero
específicamente se refiere a la capacidad de la sociedad. La
mayor parte de las reclamaciones datan de actos realizados hace más
de 40 años y se rechaza el concepto de intereses moratorios o
compensación total. El artículo 4 de la Ley fija como suma máxima 5
millones de florines húngaros por cada propiedad o cada afectado. La
compensación ciertamente no es amplia pero responde a las
posiblidades del país. La de Checoeslovaquia asciende aún a menos.
Lo anterior significa que el exilio debe entender
que Cuba (país mucho más endeudado y en mucho peores condiciones
económicas que Hungría y Checoeslovaquia) no va a ser capaz de pagar
grandes indemnizaciones y ciertamente no podrá hacer frente a las
exigidas por la Ley Helms-Burton. Que sean debidas nadie lo duda.
Que sea pagada una suma importante a cada afectado casi todos los
que hacen cálculos realistas lo reputan económicamente imposible.
La contrapartida para el exilio es aceptar que
el principio de legalidad se debe sustentar pero que en muchos casos
la indemnización podrá ser muy modesta porque no hay para más.
Tercera contrapartida jurídica.
En el supuesto de que exista incapacidad para
indemnizar siempre se puede restituir, también en la medida de lo
posible.
Este principio es de los que crean conflictos en
cuanto se menciona. Algunos de los confiscados sueñan con la
restitución absoluta y los usuarios de sus bienes en Cuba temen la
desposesión. Ambas cosas son exageraciones. La realidad es que en la
práctica hay cosas restituibles en las cuales se puede conceder la
posesión y el dominio y cosas en que sólo se puede restituir el
dominio.
Ejemplos: Tomemos una empresa extranjera
(confiscada por Castro) que requiere grandes aportaciones de capital
para poner sus equipos e instalaciones en capacidad de competir
internacionalmente. Obviamente se puede y debe restituir tanto el
dominio como la posesión pues lo contrario sería torpe. ¿Para que
incurrir en indemnizaciones, dejar de percibir los capitales y
conservar una empresa ineficiente? El poseedor que es el Estado ve
en la posesión de la empresa no un bien de uso sino una carga que no
puede afrontar.
Tomemos en cambio el caso que tanto preocupa en
Cuba, la vivienda habitación. Aquí la solución preferida en la
Europa Oriental es restitución si la propiedad está deshabitada. En
defecto de lo anterior se estipula el retorno del dominio, pero no
de la posesión quedando el que habita la casa en calidad de
inquilino con derecho de permanencia y un alquiler controlado y
módico.
El dueño con el dominio y sin la posesión está
obligado entonces a mantener la propiedad y repararla. El dueño no
cuenta con un activo que produzca una renta razonable y el inquilino
ya no es dueño. El negocio en sí no es muy atractivo para nadie. Las
implicaciones económicas de este sistema son previsibles pero por
ahora valga decir que jurídicamente la solución es aceptable. Se
respeta la propiedad original y se ampara al poseedor actual porque
para él este bien no sólo lo usa diariamente, sino que no puede
sustituirlo dada la crisis habitacional.
El tratamiento de la propiedad agrícola en dichos
países se ha acomodado también a las circunstancias, tomando en
consideración una diversidad de casos y dando soluciones adecuadas.
Por ejemplo, si la propiedad estaba poseída por una cooperativa se
designan lotes de tierras a los cooperativistas y se sacan a
subasta. Se dá una opción al reclamante que podría ejercer el
derecho de concurrir a la subasta ofreciendo la compensación que se
le debe como parte del precio o por el contrario se reputa que
acepta la compensación. (Un buen ejemplo de este enfoque es el art.
21 de la ley 25 de 1991 dictada por la República Húngara y su
reglamento, decreto 104/1991.)
¿Se nos dirá que existen críticas jurídicas y se
señalarán inconsistencias y defectos? No cabe duda y en esto
consiste el colofón de la tercera contrapartida:
Será necesario aceptar muchas soluciones
jurídicas que en la teoría más pura no son las más correctas pero
que responden a situaciones de hecho que hay que enfrentar con
justicia.
Se actúa justamente cuando la solución consiste
en lo siguiente:
Los principios se mantienen pero no se fuerzan
situaciones insostenibles, ni se reconocen derechos de propiedad
emanados de actos ilegales.
Cuarta contrapartida jurídica.
La restitución o la indemnización son
optativas. Se escoge una u otra. El aceptar cualquiera de las dos
equivale a dar saldo y finiquito a cualquier reclamación.
La seguridad jurídica exige que las reclamaciones
se resuelvan y se ponga término a una situación de inestabilidad. Lo
más probable es que con o sin Ley Helms los tribunales americanos se
inhiban de conocer de reclamaciones cubanas una vez que Cuba sea
libre. La sección 302.8.d) ya establece que las sentencias de los
tribunales americanos no serán ejecutables contra un gobierno de
transición o un gobierno electo democráticamente En dichas
circunstancias lo más práctico para un tribunal americano es remitir
el pleito a la jurisdicción de origen donde se pueden practicar las
pruebas.
Como es sabido, la ley Helms también faculta al
Presidente para suspender los pleitos de los cubano-americanos. Ya
lo ha hecho en circunstancias menos favorables, de modo que se puede
prever que dicho comportamiento se repita.
Quiere decir que lo que ofrezca el gobierno
cubano a los cubanos será discutible y recurrible en Cuba.
Corresponde pues al gobierno cubano dictar leyes
que estimulen la inversión y el retorno de capital y a los exiliados
el reconocer las límitaciones económicas que el gobierno enfrentará.
La contrapartida es:
Para el exilio, aceptar menos de lo justo, a
cambio de estabilidad y oportunidad. Para el gobierno cubano,
aceptar que lo que no pueda pagar como indemnización debe suplirlo
creando un Estado de Derecho que permita producir legítimamente la
riqueza que el país perdió.
En definitiva las grandes pérdidas se enjugan
con ganancias y no reclamando a quien no puede pagar.
Quinta Contrapartida Jurídica.
El proceso de privatización tiene que ser
llevado con arreglo a derecho.
El gobierno no puede dar preferencias a unos
cubanos respecto a otros basándose en ideologías o lealtades, ni
liquidar activos en forma privada y no transparente. Repetir la
llamada "piñata" organizada en Nicaragua por los Ortegas, donde
antes del cambio se repartieron entre la "nueva clase" las mejores
casas etc., sólo crearía en Cuba nuevas disensiones y entorpecería
el desarrollo.
Por otra parte, organizar las transferencias sin
crear incompatiblidades entre los funcionarios del gobierno y el
acceso a cargos o posiciones accionarias en las empresas subastadas
tambien sería fuente de corrupción. El proceso debe evitar "negocios
previos" entre los que venden y los inversionistas, sancionándose
severamente qualquier infracción, por quien sea, de las reglas que
se dicten.
Las subastas de propiedades deben efectuarse con
avalúos previos, balances de las empresas y reglas para que los
precios mínimos de salida en cada subasta y el sistema de pujas y
puestas sean razonables, abiertos a todos y supervisados por
auditores independientes o subastadores que ofrezcan las garantías
necesarias (incluso fianzas) respecto a la transparencia de su
gestión.
La legislación de Europa Oriental ha acogido
estas ideas de sentido común estableciendo
incompatibilidades entre los cargos de gobierno y
los de las empresas vendidas.6
El exilio por su parte debe aceptar que este
proceso implicará la suspensión o no aplicación de las garantías a
la propiedad e indemnizaciones y recursos judiciales en caso de
expropiación que el artículo 24 de la Constitución del 40 concedía.
El art. 24 o la regla de igual contenido que lo suceda tendrá que
ser aplicado de la privatización en adelante. No existe otra
forma pacífica ni práctica de hacerlo pues de lo contrario no
existiría seguridad jurídica. Estos principios también han sido
acogidos por otras legislaciones.
Además el exilio debe cooperar con su capacidad
profesional al saneamiento del proceso y abstenerse de proponer
transacciones que no sean correctas. La legislación de privatización
debe sancionar fuertemente cualquier intento de cohecho directo o
indirecto.
Sexta Contrapartida Jurídica.
El proceso de privatización tiene que abrir
una esperanza y camino a los cubanos residentes en la isla,
procurando que su participación sea la mayor posible.
Se reconocerá el principio de que es necesario el
capital extranjero, pero se intentará proteger en todo lo posible
que la propiedad pase a manos de cubanos residentes en la isla. Esto
implica reserva de las indemnizaciones para aquellos que residan en
Cuba permanentemente, sin importar que se hayan exiliado o no. Lo
que se pretendería es que el producto de lo pagado se gaste o
invierta en Cuba y no en el exterior. Asimismo será necesario un
sistema para financiar la compra por los empleados de lotes de
acciones de las empresas privatizadas, mediante créditos suaves a
largo plazo amortizados con deducciones salariales, o métodos que
produzcan un resultado similar7.
Los cubanos sin capital tendrán que aceptar que
grandes empresas inviertan en Cuba, como ya lo hacen, sujeto claro
está al respeto de una legislación laboral y fiscal justa y puesta
al día.
Sin embargo, el exilio deberá reconocer, aceptar
y estimular el retorno de la propiedad privada a nuevos empresarios
nacionales y en su caso apoyar la participación a los trabajadores
en los beneficios de la reconstrucción. Existen multitud de esquemas
en el mundo desarrollado que son idóneos para lograr este objetivo.
La participación accionaria pagada en efectivo es sólo es uno de
ellos, existen otros que proporcionan resultados semejantes con
menor compromiso de capital.
En todo caso es preciso que la mentalidad
propietaria sustituya a la mentalidad proletaria, y que la práctica
de la empresa privada dé un mentís a las distorsiones y mentiras de
tantos años de propaganda y explotación. Una Cuba que sólo sea campo
fértil para la inversión de los cubanos exiliados no residentes o la
inversión extranjera, no logrará a la larga estabilidad ni paz
social.
La contrapartida jurídica consiste en que los
residentes de la isla deben aceptar una legislación que fomente la
inversión y los cubanos del exilio acepten que ciertas protecciones
al cubano residente son inevitables y justas, si se quiere un cambio
perdurable.
Séptima contrapartida jurídica.
El proceso implicará un cambio radical en la
legislación tanto Constitucional como complementaria.
En otras ocasiones hemos analizado el tema del
cambio Constitucional y legislativo que será necesario.8
La Constitución vigente, que data de 1976 con reformas en 1990, no
es un documento susceptible de reforma ni adaptación para promover
un cambio. Se inspiró en la Constitución Estalinista de 1936 y no
fué creada para limitar el poder sino para consolidar la hegemonía
de un partido y un sistema. Carece de la división de poderes y
funciones que garantizan que el poder no se concentre
arbitrariamente, ya que supedita el Poder Judicial al Legislativo y
ambos al Ejecutivo. 9 Además no contiene un sistema de
control de la Constitucionalidad de las Leyes en tanto en cuanto,
que en forma absurda, hace a la Asamblea del Poder Popular juez y
parte, al encomendarle la revisión de la Constitucionalidad de las
leyes que ella misma aprueba.
Los derechos individuales son enumerados
profusamente para ser luego limitados en su ejercicio utilizándose
diversos métodos, tales como el monopolio de los medios de
comunicación, de los sindicatos y prácticamente todas las formas de
asociación.
Como si fuera poco, la legislación complementaria
hace caso omiso de las llamadas garantías y establece delitos tales
como la "diseminación de propaganda enemiga", "abuso de la libertad
religiosa", "salida ilícita" y muchos otros (cuya lista sería muy
larga de enumerar) que contradicen las llamadas Garantías
Constitucionales. Dichas leyes permanecen porque no hay control
Constitucional de la legislación, ejercido a través de un tribunal
constituciuonal independiente, como los que existieron en Cuba desde
1903.
Tampoco hay garantías electorales ni división de
partidos, concentrándose el poder en uno sólo por expreso mandato
Constitucional. Consecuente con esa lógica el sistema permite la
concentración de cargos en personas reputadas fieles al régimen
dándose el inaudito caso de que en Cuba se pueda ser juez y diputado
al mismo tiempo.10
En fin, los cambios tendrían que ser tan
radicales que el documento actual quedaría irreconocible. Mejor es
empezar de nuevo y aquí viene la pregunta clásica. ¿Se restaura la
Constitución del 40 o se convoca a una nueva Asamblea Constituyente?
La respuesta no es tan difícil. De hecho muchos
artículos de la Constitución del 40 requieren una puesta al día. Por
ejemplo, el sistema semi-parlamentario de gobierno que instituyó es
un híbrido que merece justas críticas técnicas y que en la práctica
no funcionó muy bien debido a defectos conceptuales. Las garantías
sociales referentes al empleo asistencia médica y educación, con
seguridad van a provocar un debate y comparaciones. Será necesario
además, asegurarse de que lo que se prometa se cumpla.
En cuanto a indemnizaciones y privatizaciones ya
señalamos los problemas jurídicos que ocasionaría permitir el
planteamiento constante de recursos judiciales.
Quiere decir que en la práctica un gobierno de
transición no podrá implementar dicha Constitución, tal como fué
promulgada, por muy buenas intenciones que tenga.
Lo que sí podrá hacer es inspirarse en sus
principios y restablecer en toda la medida de lo posible el Título
IV que consagra las garantías individuales.
Esto pudiera hacerse con un Estatuto Constitucional provisional que
rija las relaciones entre los gobernantes y gobernados, mientras se
debate el futuro legal y jurídico de Cuba y se dan los pasos para
organizarlo.
Dentro de ese esquema debería existir un Tribunal
Constitucional de modo que el Gobierno de transición esté sujeto a
algún control respecto a su gestión. Asimismo el gobierno de
transición deberá marcarse un tiempo para su función e hitos que
deberá cumplir, como por ejemplo, tantos meses para un censo
electoral, idem para la organización del Poder Judicial, etc.
¿Como calza lo anterior con la privatización?
Es esencial. Habrá inversión de calidad en
función de las garantías proveídas. Cuanto menos garantías menor
será la calidad del inversionista. A pocas o ninguna el
inversionista queda desplazado por el especulador que sólo busca un
lucro rápido como sucede ahora en Cuba.
Resumido, un elemento básico de la
contrapartida consiste en lo siguiente: Para volver a la empresa
privada hay que evitar aferrarse a esquemas ideológicos o
nostálgicos.
La Constitución de 1976 no es idónea para
desarrollar un país libre y dinámico; intentar modificarla es perder
el tiempo y mostraría precisamente una aferración a un sistema
ideológico fracasado.
La Constitución del 40 fué un gran documento para
su época pero no es totalmente aplicable al momento actual, aunque
muchos de sus principios y artículos sí lo son. La Constitución del
40 provee una base de referencia apoyada por una jurisprudencia
valiosa sobre su aplicación. Utilizar esta parte de nuestro acervo
político y jurisprudencial no es nostálgico sino práctico. Pretender
por otra parte que más de cincuenta años no han pasado y que la
Constitución del 40 se puede implementar con sólo ligeros cambios sí
sería nostálgico e impráctico, ya que la simple modificación de la
parte orgánica constituiría una reforma integral a la Constitución
según esta misma lo define en su artículo 286.
Es evidente que mientras se organiza el país y se
sientan las bases de una democracia se hace imprescindible dinamizar
la economía y privatizar. Esto requiere una base jurídica que hay
que proveer tan pronto como sea posible.
Los otros elementos de la contrapartida son:
a) Aceptar que esta base jurídica va a ser
dictada por un gobierno de transición, es una conclusión inevitable
que debe ser entendida por el exilio. Si será razonable exigir
que las garantías del Título IV de la Constitución del 40 sean
implementadas en toda la extensión posible, particularmente las que
se refieren a la propiedad, concediéndose protección efectiva y real
al inversionista respecto a todos los actos jurídicos que realice
desde la promulgación de los "estatutos constitucionales" en
adelante. La creación de un control judicial del ejecutivo tan
pronto como se pueda organizar un Tribunal Constitucional serio,
será también una exigencia razonable. Hay que cambiar la mentalidad
de "ordeno y mando" que permea la mente de los funcionarios, por la
de "cumplir y hacer cumplir" las leyes para utilizar la frase feliz
de la Constitución del 40.
b) Por su parte el pueblo residente en la isla
debe aceptar la triste realidad de que no ha tenido Constitución por
40 años sino un triste remedo de lo que significa esa palabra, y
aplicarse a aprender de Cívica y Constitucionalidad a marchas
forzadas. No hay duda de que en el aspecto técnico existen
personas en Cuba con formación teórica adecuada, pero nos referimos
al pueblo porque la defensa efectiva y plena de la libertad y de
los derechos Constitucionales no es cosa sólo de abogados sino de
ciudadanos.
Entender que no hay libertad política sin
instituciones que se respeten, y que no hay libertad personal sin
propiedad privada es un supuesto indispensable para la convivencia y
el desarrollo, no sólo económico sino también personal y social.
III- EL ASPECTO ECONOMICO.
Consideraciones previas.
La privatización está de moda en el campo
económico. Hablar de intromisión estatal en cosas que puede y debe
hacer el ciudadano es hoy en día un anacronismo.
Una concepción sana del Estado es la que proclama
Juan Pablo II en su encíclica "Centessimus Annus" donde hace
resaltar el principio de subsidiariedad, mediante el cual el Estado
suple la falta de actividad privada en ciertos campos y actúa como
árbitro y poder equilibrador de las relaciones entre los diversos
factores sociales. Se reconoce asimismo la legitimidad y utilidad
social de los beneficios que generen las empresas, siempre que
exista la conciencia de que operan dentro de una sociedad donde el
bien común es el objetivo primario. Esta concepción encaja
perfectamente bien con las aspiraciones de libertad y desarrollo del
individuo que preconizan diversas escuelas económicas, aunque sin
duda choca con las concepciones radicales del "Darwinismo Económico"
que resucita el viejo axioma de que el hombre es el lobo del hombre.
Hoy en día se postula que la llamada "economía de
mercado" es el método más idóneo para llegar al resultado apetecido,
i.e. la consecución de la libertad.
Por nuestra parte preferimos el término de
economía de libre empresa o de economía de libre actuación y
contratatación.
Esta preferencia se basa en que el término
mercado, enfatizado al máximo como hoy se acostumbra a hacer,
distorsiona la realidad. A veces se exagera tanto que tal parece que
el mercado es un organismo viviente e independiente de la voluntad
humana, cuando sólo refleja los millares o millones de actividades
personales que lo conforman. En realidad cuando existen estos
millares de individuos que concurren al mercado es cuando mejor
funciona, pero no siempre es así.
Hay mercados intervenidos, hay mercados
monopolizados o oligolipolizados, hay mercados cohechados y hay
mercados artificiales. Existen leyes antimonopolio en los países
desarrollados precisamente por esto, así como sanciones criminales
por fraude mercantil y por soborno, por idénticas razones. La
manipulación reciente del mercado de futuros del cobre donde se
descubrieron cohechos y trasnsacciones ilícitas por cantidades
masivas es sólo un episodio de los muchos que han ocurrido
recientemente y que han sido difundidos ampliamente por los medios
de comunicación.
Por último hay cosas que están fuera del comercio
de los hombres y que no son vendibles ni comprables. Son valores
espirituales que se deben al ser humano por su simple condición de
tal, valores que no son susceptibles de ser tasados a un precio pero
que por eso mismo son más importantes.
Lo anterior no es razón para dejar de creer en la
eficacia los mercados. Deben ser estimulados y regulados sólo con
vistas a que funcionen real y efectivamente y no para asfixiarlos.
Lo que pretendemos es señalar que existe causa suficiente para
nuestra preferencia de términos, porque el mercado no es un ídolo,
ni un ente viviente, es algo creado por empresarios individuales que
concurren a él para contratar libremente. Como creación humana al
fin, a veces sufre por las acciones de los hombres y se precisa de
la intervención de otras personas para arreglar los desperfectos
causados, aunque los apologistas casi fanáticos del mercado digan
que siempre se arregla sólo.
La esencia de la libertad es pues que existan
empresarios y mercados donde los individuos puedan contratar sin
trabas indebidas. Sin estos requisitos no hay mercados. Por trabas
debe entenderse, no sólo las que pongan las autoridades, sino
también las más sutiles que pueden surgir de concentraciones
exageradas de poder económico y comercial.
Para el caso cubano vale resaltar la ausencia de
ciertos elementos que se dan por sentados en otras sociedades. No
hay en la Cuba actual concepción de empresa, ni de libre
contratación porque nunca en los últimos 40 años han existido
empresarios libres ni leyes que les permitieran actuar como tales.
Esta situación es tan típica en los regímenes que vuelven de la
tiranía estatizante, que uno de los primeros pasos de los países de
Europa Oriental fué dictar leyes sobre la libertad de empresa.11
En estas circunstancias, hablar del mercado como
si fuese el maná caído del cielo que resuelve todos los problemas
automática e inmediatamente es tan ilusorio que casi resulta
engañoso.
Es la experiencia de Rusia, Polonia, etc., donde
la retórica se adelantó en mucho a los resultados.
Se puede hablar de una economía de libre empresa
y contratación que produzca mercados libres, pero hay que explicar
que son y como se llega a ellos. No se puede suponer una cultura
económica donde no ha existido más que el capricho y la orden
arbitraria. El haber hecho poco caso a este simple hecho, y exagerar
lo que se puede obtener a corto plazo, es en buena parte la causa de
muchas sorpresas políticas recientes en diversos países de Europa
Oriental.
Los antaño responsables por la destrucción de la
economía, los enemigos de la libertad política y empresarial, han
vuelto al poder (adoptando un barniz de libertad), por la torpeza
política, debilidad conceptual y falta de vocación didáctica de los
que piensan que las transformaciones económicas se hacen solamente
con leyes y reglamentos. Esta formación mental es la causa de que
con frecuencia se apliquen teorías concebidas en gabinetes de
estudio por extranjeros no comprometidos con la realidad social del
país, que pueden permitirse el lujo de opinar, insistir en sus ideas
y luego marcharse sin asumir las responsabilidades.
Dicha torpeza ha producido esquemas de aplicación
festinada de ideas muchas veces buenas, con los consecuentes abusos
y concentraciones de riqueza dudosamente adquirida. Los que quedan
fuera del "reparto" de bienes del Estado lo resienten y votan por
los que con su tiranía pasada hicieron posible tal estado de cosas.
¿Enigmas de la conducta humana? No ciertamente; esto es previsible y
debemos pensar en como no se reproduce en Cuba.
Privatización: Cómo y cuándo.
Hay dos escuelas básicas, la del "shock" y la del
gradualismo y una tercera que vive escondida dentro de ambas, que
llamaríamos la del sentido común.
La escuela del "shock" preconiza la necesidad de
actuar de inmediato para resolver problemas de décadas, antes de que
el gobierno de transición a la economía libre agote el capital
político de que dispone frente a la población. El postulado es
aparentemente razonable, pero adolece de exceso de énfasis en su
planteamiento. Los que plantean el tema son usualmente producto de
sociedades occidentales y, subconscientemente, entienden por capital
político el asentimiento prestado por una población a un gobierno
electo democráticamente en un país que goza de instituciones
tradicionales y fuertes.
En las transiciones que examinamos, tal
asentimiento obviamente no existe, lo que existe es un sentimiento
de alivio y de esperanza de que las cosas mejorarán, pero no hay
concreción de pensamiento respecto a cómo se logrará la mejoría ni a
través de que instituciones y leyes. Imposible que exista, no hay
base educativa ni experimental.
El "shock" es pues esencialmente oportunista. Sus
proponentes dirían: "Actuemos mientras podamos pues después se
cerrarán las puertas de una sociedad acostumbrada al anquilosamiento
y la inercia y las reformas serán imposibles."
Además, se piensa que el "shock" quiebra las
bases del poder político del estado socialista en tanto que
transfiere las nóminas y las inversiones fuera de la esfera de
control de los que dirigían el sistema anterior.
El peligro del shock es la secuela de
resentimientos y negocios turbios que deja tras sí, debido a la
festinación con la que frecuentemente se actúa para enfrentar
problemas muy complicados que usualmente requieren estudio a fondo.
La rapidez lleva al error conceptual, y la subasta o entrega
inmediata de empresas frecuentemente no se hace en las condiciones
más ventajosas para la sociedad. Su ventaja es mover el proceso
adelante y mostrar a la población que existe otra forma de hacer las
cosas.
El gradualismo por su parte pretende escoger los
momentos y estudiar las situaciones. Teóricamente también es
razonable. Hay problemas industriales y agrícolas donde se puede
hacer más daño que bien si no se ponderan las soluciones. Pero tiene
el peligro de la inercia y la consolidación de posiciones de los que
regentean las empresas, con la eventual resistencia al cambio y uso
de la demagogia para mantener sus cargos.
La realidad es que ambas posiciones tienen
riesgos y ninguna satisface plenamente desde un punto de vista
práctico. Por ello es que ninguno de los dos modelos puede presumir
de pureza. Se hacen cosas oportunistas y cosas graduales porque
así vienen las circunstancias. El arte de este proceso consiste
en mezclar las dosis convenientes y suministrarlas en el tiempo
adecuado.
¿Cómo actuar ante esta disyuntiva en el caso
cubano?
Con el sentido común y la mezcla de soluciones,
sin importar lo que digan los teóricos a ultranza.
Pero existe un asunto a resolver "a priori" que
está íntimamente ligado al asunto de la privatización: se trata de
la moneda. Seríamos partidarios de una flotación monetaria inmediata
porque habrá que privatizar en términos de dólares.
Además, Cuba no es país que toleraría aún por un
corto plazo las distorsiones y abusos de un control de cambios, ya
que puede preverse que habrá una buena cantidad de dólares por
concepto de turismo, remesas familiares e inversión. Aceptado lo
anterior, lo mejor será sincerar la tasa de cambio del peso desde el
primer momento y dejar que la población se acostumbre a ganar y
ahorrar en una moneda que tiene un valor real. En este caso el
"shock" no lo es tanto porque de hecho el dólar sería la moneda de
curso para las operaciones importantes, en tanto el peso adquiera
estabilidad y merezca la confianza de la población. En cierta forma
el gobierno actual ha comenzado ya a andar por ese camino con la
creación peculiar del peso convertible.
Volvamos al tema. Hay asuntos que se prestan al
"shock" y temas en los que es puede resultar dañino.
Ejemplos de lo primero son el turismo y la
empresa familiar y de servicios personales.
El turismo, como industria de servicios que
requiere atención y esmero y que crea muchos empleos de inmediato,
es el tipo de actividad donde existe poco riesgo en privatizar
rápidamente; sabida la poca aptitud del Estado para los negocios de
servicios y que el producto a vender en buena parte consiste en la
naturaleza.
El mismo nivel de riesgo existe en permitir la
industria familiar y de servicios personales. Pero es que en estos
ejemplos en realidad no hay "shock" puesto que no se deja a casi
nadie sin trabajo, ni se restringen sus ingresos o la capacidad de
aumentarlos.
El "shock" se produce cuando hay que racionalizar
empresas con alta empleomanía, que requieren asimismo inversiones
importantes en equipos para mantenerse técnicamente al día y capaces
de competir en precio y calidad.
En este caso, la privatización frecuentemente se
convierte en un problema de reconversión industrial debido a que el
Estado, durante su gestión, no ha mantenido las empresas a un nivel
técnico que las haga viables. En otros casos podrá existir un
panorama mezclado, con empresas totalmente ineficientes dentro de un
giro, que son prácticamente chatarra y algunas que pueden mejorarse
y hacerse aptas para competir a nivel internacional.
En estas situaciones el "shock" es inevitable ya
que el Estado, de por sí quebrado, mal puede sostener empresas que
por sus pérdidas aumenten el déficit estatal. La solución conlleva
rebajas de personal y cierre de empresas, problemas muy serios en
una economía postrada que no genera empleos suficientes. Junto a
ésto existen los costos de mitigar sus efectos, o sea pagar una
prestación social que al menos provea una subsistencia digna a las
personas desplazadas, y/o los costos de volver a entrenarlas en otra
profesión u oficio. Estos costos, que son por cuenta del Estado,
recargan sus presupuestos y aumentan los déficits.
Probablemente la industria azucarera, la mayor
empleadora de personal en Cuba necesite una reconversión a fondo.
Tendrá que hacerse en forma tal que el Estado no acabe manteniendo
en su cartera sólo las empresas permanentemente deficitarias e
ineficientes para las cuales será imposible encontrar compradores u
operadores privados. Esta industria es un ejemplo clásico de los
problemas del "shock", puesto que es evidente que no se puede actuar
sin contar con un plan bien pensado, que provea oportunidades de
empleo a los desplazados de empresas ineficientes. El tema azucarero
se agrava además por el carácter dual de la industria ya que su rama
agrícola plantea problemas de más lenta solución y de mayor
conflicto social que la rama industrial.
En general el asunto agrícola es de los que no se
adaptan muy bien a soluciones rápidas y requiere un volumen de
trabajo preparatorio importante así como educación y legislación
especial.
Financiamiento del "shock".
Hablar de shock sin discurrir en como se financia
es o una simpleza o una majadería. Sin embargo la literatura
económica está plagada de verdades de Perogrullo sin desarrollo
ulterior. En este tema se abusa de enunciar lo obvio sin decir cómo
se hace, y cuáles son sus consecuencias inevitables. Es una
verdadera disyuntiva: si el estado continúa manteniendo empresas que
den pérdidas, yerra en el método de cumplir una obligación social,
i.e. crear empleo. Pero cerrar empresas y sumir a una parte
importante de la fuerza de trabajo en la desesperanza tampoco es
aceptable.
A nivel estatal, la solución parcial que se ha
dado a estos problemas es la de gestionar créditos para efectuar la
reconversión industrial y la transición. Los créditos supuestamente
deben emplearse en re-entrenar la fuerza de trabajo, pagar
indemnizaciones o prestaciones sociales a los dados de baja, etc. El
Estado pudiera entonces pasar las empresas restructuradas a la
empresa privada dándole la oportunidad de crear fuentes de trabajo
que generen beneficios y paguen impuestos con los que amortizar los
créditos.
Sin embargo, estos créditos por necesidad
provienen de instituciones multilaterales (no son aptos para la
empresa privada) y tienen tres problemas. Primero, usualmente son
insuficientes, segundo frecuentemente los plazos de pago son
demasiado cortos, no dando tiempo a que se generen los ingresos
fiscales necesarios para su amortización y finalmente su tramitación
es lenta, no teniendo muchas veces la virtud de ser oportunos. En
adición los créditos vienen acompañados de una serie de condiciones
financieras respecto a la política fiscal, política de precios,
déficits públicos, tasa de cambio, etc. Se pretende con estas
medidas que el Estado no caiga en la solución ilusoria de crear
dinero e inflar para pagar sus deudas.
Las condiciones mencionadas, en términos de
asegurar una gestión económica que garantice el pago del crédito son
lógicas, pero el sistema tiene trazas de ser cambiado y ampliado en
forma radical .12 El problema de las condiciones
financieras, consiste en su aplicación, y en el precio de
independencia política que es aceptable pagar por un crédito, dado
que los créditos no son nunca suficientes y que las necesidades
sociales se multiplican y se presentan con urgencia.
La concepción tradicional y jurídicamente
correcta es que la aceptación de un crédito conlleva la firma de un
compromiso para actuar en la forma convenida. El quebrantamiento de
las condiciones impuestas origina la suspensión de los desembolsos y
nuevas negociaciones para que la política de emisión monetaria para
financiar el gasto público (siempre la culpable más inmediata) se
restrinja.
Esta y no otra, es la historia de las
negociaciones con el Fondo Monetario y de otras instituciones
multilaterales con los países endeudados que sufren además
desajustes internos. La realidad se dramatiza por ambas partes con
frecuencia, pero la experiencia demuestra una cosa:
Las soluciones permanentes no se generan con
créditos ni contratos, que a lo más son ayudas temporales y
parciales, sino por la voluntad de una sociedad de apartarse de un
camino irracional y educarse en que consiste buen gobierno, a fin de
crear uno que deje trabajar y producir a sus ciudadanos. Esta labor
corresponde a cada sociedad, que tiene que aprender por el método
empírico: prueba, error y tiempo para enmendarlo.
Es por ello, que la labor de educar a la
población en lo que se aspira a hacer y en las dificultades del
proceso es vital. Sólo un gran cociente de solidaridad social logra
disminuir al máximo el flujo y reflujo de los problemas, y evita que
los sectores desafectos entorpezcan el proceso de tal manera que lo
retrasen o lo hagan imposible de momento. Rusia ha sido un buen
ejemplo, que sólo lentamente va saliendo de sus problemas a pesar de
la gran riqueza del país.
Soluciones:
Se basan en dos principios:
1- La privatización tiene que ser enfocada no
sólo como un método de devolver la propiedad a la gestión privada,
sino también como un método de promover y financiar la
reconstrucción del país.
2- La sociedad como un todo tiene que
involucrarse en el proceso, y no solamente en un plano teórico sino
en forma comprometida, contribuyendo con su trabajo, ahorro y pago
de impuestos.
Desarrollo de los principios:
a) El primer principio supone que las propiedades
del Estado que sean susceptibles de venta en subasta pública tienen
que ser bien vendidas, de forma que existan ingresos con los cuales
sea posible financiar, en parte, las múltiples cargas a las que el
gobierno habrá de hacer frente.
La reserva por el Estado de paquetes accionarios
en algunas de las empresas puestas a la venta para su ulterior
liquidación, preferiblemente cuando las empresas accedan a la Bolsa
de Valores y sus acciones hayan cobrado un valor respetable, es un
método idóneo. Se ha seguido con éxito en Argentina, Chile,
Venezuela y Brasil y la venta de los paquetes no liquidados en
primera instancia siempre ha sido extraordinariamente rentable.
Cuba tiene empresas interesantes que bien
pudieran entrar en este modo de operar. Ejemplos son: todas las de
servicios públicos donde el Estado tiene que dar la concesión,
turísticas, de recursos naturales, etc. Manejando bien los activos
de primera y extrayendo de su venta el máximo, se pueden allegar
recursos muy considerables.
En cierta forma la privatización tiene que ser
vista como lo siguiente: la liquidación de los malos negocios en la
forma menos costosa posible; la venta de los buenos negocios al
mejor precio posible; y en buena parte la financiación de lo primero
a través de lo segundo.
b) Dentro de este esquema cabe lo que señalábamos
anteriormente sobre indemnizaciones y restitución. Se debe
indemnizar en la medida de lo posible, tal como hacen las
legislaciones de la Europa Oriental o sea sin quebrar al Estado (no
hay otra salida); y se debe restituir con criterio de función social
o sea a quien pueda poner el activo a producir en forma rentable y
asegure así la creación continuada de empleos. Si el dueño antiguo
no es capaz de asegurar este resultado le cabe la opción de elegir
la indemnización o asociarse con alguien que tenga mayores recursos
para acceder a la subasta de los activos. En este caso utilizaría
sus cupos de indemnización como parte del precio, autofinanciando
así la indemnización.13
c) La contratación de créditos con las
instituciones multilaterales debe hacerse en condiciones sensatas.
Si los plazos de amortización son de imposible cumplimiento es mejor
no aceptar el crédito. Si las condiciones de política a seguir son
tan estrechas que no permiten un campo de acción legítimo será
también mejor no aceptar. Cuba ha vivido con tan poco por tanto
tiempo, y tiene tantas posibilidades que no puede ni debe hipotecar
su futuro político ni económico por el Bíblico plato de lentejas.
Aunque las ayudas facilitarían el proceso de reconstrucción
recuérdese que nunca serán suficientes en cantidad ni oportunidad.
Las soluciones parciales tienen un precio que no
puede ser exagerado, ni tampoco pueden conllevar la aceptación de un
sistema de paternalismo tal que retrase una vez más el desarrollo
político e institucional de la isla. Ya llevamos casi cuarenta años
sujetos a diversos "sabios" domésticos y extranjeros y es hora de
que se aplique el principio de "vox populi vox Dei."
d) Lo anterior nos lleva nuevamente al tema
jurídico/financiero. Para salir adelante, aún sin ayudas
multilaterales de importancia, hace falta contar con un sistema
legal que dé garantías tales al inversionista, que lo que no se
supla por una fuente entre por la vía preferida de la inversión
privada. Una buena legislación Mercantil y seriedad en su
aplicación, (buen sistema judicial) haría de Cuba un destino muy
atractivo para las inversiones, fomentando así la flotación de
emisiones de títulos valores que financiarán la reconstrucción y
serían el verdadero motor de ésta. Igualmente, el sistema fiscal
debe proporciar estímulos a la reinversión de las utilidades de las
empresas mediante desgravaciones fiscales.
Una legislación de Bolsa moderna y dinámica
permitiría además canalizar parte del ahorro popular a valores
bursátiles, potenciando así la participación accionaria de los
empleados en las empresas; y haría más interesante la creación de
fondos de retiro que inviertan parte de sus activos en valores. Una
vez que este proceso de contribución al retiro e inversión de los
productos en títulos valores cobra impulso, se convierte en una
máquina de movimiento perpetuo. El capital generado por las empresas
que lanzan emisiones permite la creación de nuevos empleos y de
personas que ahorran y contribuyen a sus fondos de retiro. El ahorro
a su vez genera nuevo capital, parte del cual se invierte en
acciones. Dicho ahorro debe ser estimulado, desgravándose por
completo los pagos por concepto de intereses. Las ganancias de
capital también deben ser desgravadas a ciertos niveles populares y
gravadas a una tasa preferente a otros niveles, a fin de estimular
la inversión.
El dinamismo bursátil facilitaría resolver el
problema de las indemnizaciones, pues la creación de nuevas empresas
con salida a Bolsa hace que los que reciban cupones de indemnización
puedan invertirlos en empresas con crecimiento. Todo esto se ha
ensayado ya con buenos resultados en Europa Oriental, pero confiamos
en que puede ser mejorado en Cuba, dada nuestra proximidad a los
mercados de capitales y la capacidad de gestión financiera de muchos
cubanos, que conocen bien el medio por haber trabajado en él.14
e) El principio de comprometer a la sociedad
tiene dos vertientes una general y otra específica.
En general significa la necesidad de explicar al
pueblo que aunque el desastre lo gestó un sector de la sociedad nos
afectó a todos dentro y fuera de Cuba. Y que a todos nos toca
colaborar en la solución, pagar nuestra parte del costo de la
reconstrucción y beneficiarnos de sus resultados.
Frente a los desastres no cabe un individualismo
exagerado donde cada cual pretende lo máximo. Los ciclones afectan
por igual a los buenos y a los malos, no son justos.
En sentido específico comprometer significa que
tiene que existir una aportación tangible de cada cual. No se trata
de un compromiso retórico.
Método: Un fondo
para la reconstrucción debe ser organizado, y nutrirse de los
ingresos producto de las ventas por concepto de privatización, un
impuesto especial ad valorem aplicable solamente sobre artículos de
uso suntuario (se controla así el consumismo demencial, tan
frecuente en las transiciones) y un recargo modesto al impuesto
sobre la renta, aplicado al exceso sobre cierto nivel de ingresos.
El objetivo debe ser no sólo recabar fondos, sino
crear un ambiente de solidaridad donde a medida que los beneficios
del cambio llegan a ciertos sectores de la población, sean
revertidos precisamente en entrenar al elemento humano que hará
posible el cambio. Con ésto explicamos el propósito del fondo:
educar, buscar empleo a los desplazados y durante ese período cubrir
sus sueldos. Los beneficiados a su vez pagarán impuestos al fondo
cuando estén empleados y sus ingresos lleguen a un nivel adecuado.
En términos económicos la contrapartida que
tenemos que aceptar es:
Solidaridad Nacional o cada cual por su
cuenta.
La primera produce la capacidad de enfrentar
los múltiples problemas que explicamos con un espíritu inteligente y
práctico. La segunda nos puede conducir a ser nuevamente
manipulados, explotados y sujetos tal vez a una nueva tiranía que no
por más sutil deja de ser menos peligrosa.
IV- EL ASPECTO POLITICO
Por alguna razón a lo largo de su historia, Cuba
ha sido país de contrapuntos, desfases y reacciones sorprendentes.
La última colonia en separarse de España, fué la primera en
incorporar ciertos adelantos como el cable trasatlántico con Europa,
y los ferrocarriles. Fué a su vez el conflicto colonial más notable
de finales del siglo XIX. Sufrió el ataque de una fuerza
expedicionaria desmesurada relativa su población y emergió devastada
de la guerra del 95, para recuperarse con rapidez vertiginosa.15
Abundando en sorpresas, en el siglo XX Cuba se
incorpora sorpresivamente tarde al comunismo internacional, cuando
la decadencia de este sistema ya se había gestado como consecuencia
de la segunda guerra mundial.
Y este pequeño y sorprendente país se dedica a
ser punta de lanza del comunismo y a inmiscuirse en cuanta trifulca
existía en la guerra fría y casi logra hacerla caliente en 1962.
No contentos con el abrazo tardío al marxismo,
los dirigentes actuales y parte de la población que acogió la
Revolución, con entusiamo entonces juvenil, continúan aferrados a
él, (por razones de una auto-defensa mal concebida) aún después de
que el sistema creó una situación nacional que ni a Marx le
parecería justificable.
Sin duda que los personajes cuentan y mucho en la
historia de un país, pero a los cubanos tal parece que nos gusta
estar "enredados entre las patas de los caballos" para utilizar una
metáfora tan guajira como cubana.
En nuestra próxima edición nacional debutaremos
en el mundo del esquema neo-liberal. ¿Lo abrazaremos con entusiasmo
desmedido o lo intentaremos "cubanizar"?
La pregunta tiene mucho que ver con el tema de
este trabajo, porque la privatización se ha convertido en uno de los
puntos neurálgicos del sistema liberal y porque sabemos que volver a
la economía de empresa en Cuba no es cuestión de ideología, es
cuestión de supervivencia. Así planteado el asunto, el quehacer
político cubano va a tener que sortear un difícil campo ideológico.
Ensayemos a dibujar algunas tendencias y los
problemas y aportaciones que pueden plantear:
a) Nostálgicos pre 1959. Tal vez esta tendencia
pudiera pecar de exagerar un poco el pasado, pero básicamente sería
cubana y bien intencionada. Su parte positiva sería contrarrestar
tantos años de mentiras y distorsiones. No vemos que ofrezca ningún
problema importante a no ser que se dedique a exigir una vuelta
prístina al estado anterior, lo cual sería utópico.
b) La Revolución Frustrada. (edición # ?) No
sabemos el número de la edición porque hay demasiadas. Pudiera
plantear un sistema de socialismo a medias, sin comunismo pero con
un estatismo axfisiante.
Privatizaría a regañadientes conservando lo más
posible del "statu quo" y enderezaría su artillería de grueso
calibre a resaltar las injusticias y distorsiones del sistema
neo-liberal, mezclando una buena dosis de exageración con marxismo
recalentado. Tendría resonancia entre muchos que conservan añoranzas
de los 60s y 70s. También hay nostalgia socialista.
c) El neoliberalismo puro. Pretendería ser la
solución de todos los problemas con tal de que se deje hacer. Su
énfasis sería económico, apoyaría privatizar todo rápidamente (si es
barato aún mejor) y no estaría mayormente preocupado por los
problemas sociales. Se dirá que éstos los resuelve el mercado. Esta
mantra (que por su repetición constante, se parece un tanto a las
cansonas consignas marxistas de que la culpa de todo la tiene el
imperialismo) tiene sus peligros pues puede ser explotada por la
Revolución Frustrada y crear una confusión conceptual entre la
empresa privada y el darwinismo económico.
d) El nuevo invento cubano. Con suerte e
imaginación (esto último sí nos sobra) pudiera surgir un híbrido de
todas las posiciones anteriores que sea la resultante de un
equilibrio de fuerzas o de un concierto social. Sus características
generales serían: libertad de empresa y la mayor participación
posible del individuo en la reconstrucción y en la empresa donde
trabaja.
En lo político y social este sistema sería
abierto y conservaría nuestras tradiciones jurídicas y políticas
importando sólo aquéllo que tenga valor probado y no lo que
supuestamente "hace todo el mundo." Cuba fué un país abierto en lo
económico y avanzado en doctrina social. Estas tradiciones pueden y
deben mantenerse sin mezclarlas con extremismos ideológicos de
cualquier tendencia.
En lo económico permitiría la inversión
extranjera, asegurando de que el respeto a la propiedad y a una
gestión honesta sea absoluto.
Asimismo el sistema sería partidario de
privatizar y eliminar la injerencia estatal en la economía.
¿En que se diferenciaría pues de los esquemas neo
liberales y de la Revolución Frustrada?
En que tendría un contenido de nacionalismo
moderado e inteligente, transido de sentido común y al mismo tiempo
estaría muy consciente de las exigencias sociales que plantea una
transición y el mundo que se avecina.
Expliquémonos. Cuba está descapitalizada y por
tanto lo están la inmensa mayoría de los cubanos. Proteger la
creación de empresas controladas por nacionales de Cuba y la
acumulación de la propiedad en manos de cubanos sería un objetivo
razonable que estaría justamente en el medio de la tendencia
socialista y la neoliberal.
El lograr ésto sin caer en demagogias ni
restricciones inoperantes no es sencillo, pero puede hacerse pues
existen múltiples esquemas de estímulo fiscal y administrativo
aptos para lograr ese resultado. Pensamos que con un poco de
"ventaja" inicial, el cubano se incorporará rápidamente a la
competencia pues es naturalmente apto para hacerlo.
Si unimos a ésto el favorecer la participación de
la empleomanía en la empresa a base de paquetes accionarios,
representación en las directivas, etc., bien pudieran surgir
empresas muy ágiles y creativas capaces de competir con cualquiera.
Se trataría de estimular y hacer que la gente invierta, pague su
inversión, trabaje y la vea crecer y dar resultados.
Nada de regalar acciones, porque "yo soy pobre y
tú eres rico"; al contrario: "te doy oportunidad de que me acompañes
en el proceso productivo en igualdad de riesgos, salvadas las
diferencias cuantitativas". ¿Créditos suaves para comprar acciones?
Seguramente que sí, pero hay que pagarlas y mientras tanto están
dadas en garantía. De igual forma hay que tratar las cuestiones
sociales. Servicios sí, buenos servicios, rotundo sí, pero hay que
pagarlos y remunerar bien a los que los proveen. El ciudadano tendrá
que asumir parte del costo si el presupuesto nacional no puede
absorber todo lo que se pretende.
Por otra parte, nada de considerar al hombre como
otra mercancía más, como una máquina sólo apta para producir o
consumir, siendo desechable cuando decrece o desaparece esa aptitud.
En los países que sufrieron el marxismo, se
explotaron los resentimientos creados por esa forma de obrar durante
muchas décadas y se vendió una solución falsa. Pero sin embargo, se
dejó en la mente de buena parte de la población la conciencia de que
en una sociedad debe existir preocupación por las aspiraciones del
individuo y una participación mayor del mismo en las actividades
sociales. En buena medida, la Revolución Cubana al principio se
nutrió del entusiasmo ingenuo del pueblo de Cuba por una utopía que
escondía una tiranía.
¿Qué tiene que ver todo lo que antecede con la
privatización?
Tiene que ver absolutamente en todo, pues
privatizar no es sino redistribuir el poder económico de un país con
las consecuencias sociales que ello implica.
Disyuntiva: ¿Se privatiza concentrando la
propiedad y creando un ejército de asalariados no interesados en las
empresas; o se crea un ejército de pequeños empresarios y de
empleados accionistas en las grandes empresas que son necesarias en
ciertos giros?
El diseño adoptado decidirá el futuro de los
conflictos sociales en Cuba.
En el supuesto de un proletariado enorme y pocos
dueños, es previsible un sindicalismo fuerte y presiones continuas
sobre el porcentaje de la creación de riqueza que corresponde a cada
sector. El grado de sensibilidad social y la historia del
sindicalismo en Cuba hace que este resultado sea probable, una vez
que el período inicial de aceptar cualquier trabajo en cualesquiera
condiciones, haya pasado. Esta sensibilidad hará proclive a la
fuerza de trabajo a ser movida por planteamientos irredentistas y
nacionalistas extremos, que en definitiva retardarán el progreso y
la recuperación, aunque puedan ser objetivamente correctos. No hay
nada peor que crear fama de difícil o impredecible.
En el supuesto de un diseño participativo, habrá
dificultades sin duda, pues concretarlo es complicado pero siempre
se contará con la ventaja de ofrecer soluciones creativas, alternas
y llenas de esperanza que serán difíciles de criticar. El arte del
diseño consistirá en crear participación obrera y dejar campo a la
legítima libertad de acción que la gerencia requiere. Asimismo, las
diferencias en las aportaciones de capital y de riesgo a correr
tienen que ser reconocidas, acordándoles las protecciones
pertinentes. No se llegará a nada práctico con un esquema ilusorio,
repleto de derechos para los trabajadores y ninguna protección para
el capital de riesgo porque nadie lo aceptará como base para hacer
nada importante.
Finalmente, la asociación tiene que ser libre.
No se puede forzar a nadie a ser socio de nadie. Lo que sí puede
hacerse es dar estímulo a esas asociaciones y aquí hay mucho campo
para la política económica y fiscal.
Cuba no puede enfrascarse en una nueva lucha de
clases, ni apuntarse irreflexivamente a la última moda, ni
reaccionar con exceso ante peligros vislumbrados que pueden o no
concretarse. O tenemos inteligencia para crear un país pequeño pero
de calidad o seremos una mera isla caribeña apta para vacaciones,
vicios, industrias extractivas o industrias de poco valor agregado.
El diseño participativo tal vez no agrade al
liberalismo puro. Se alegará que dificulta la gerencia y el manejo
de las empresas, pero pensamos que bien estructurado tendrá a su
favor resultados muy importantes: eficiencia, buena voluntad,
creatividad, espíritu de empresa. Creemos que todo ésto vale más que
la simple mano de obra barata o el control absoluto del 100% del
capital accionario y todos los puestos del consejo de dirección.
En definitiva lo que haría triunfar un diseño de ese tipo serían los
resultados, que dependen del elemento humano y su dedicación.
El reto para Cuba será este: producir diversidad
de artículos y servicios de buena calidad a precios competitivos,
pero sin que este resultado se base en la creación de una isla
factoría.
Dadas las condiciones de daño a la moral, a la
educación libre y a los hábitos sanos de trabajo creadas por el
régimen, que todo lo anterior es una aspiración elevada y difícil,
¿quién lo duda? Pero el tema es el siguiente: ¿Entramos en otros 20
años de conflictos sociales agudos o intentamos algo nuevo y más
sensato?
El tiempo lo dirá. Por nuestra parte pensamos que
si Cuba produce esta vez un cupo de políticos inteligentes y
patriotas, una buena parte del camino tendrá que ser andado por la
vía de crear una economía de empresa con preocupaciones sociales, a
fin de lograr por fin la Cuba "con todos y para el bien de todos"
con que soñó Martí. |