|
ASAMBLEA PARA PROMOVER LA SOCIEDAD CIVIL
REUNION NACIONAL, MAYO 20 Y 21 DE 2005
Justicia y Reconciliación Nacional
Ponencia de Pablo Silva Cabrera
PARTIDO SOLIDARIDAD DEMOCRATICA
(transcripción revisada)
Conocida es la discusión sobre la autoría de la frase: “divide y
vencerás”. Pero en lo que no creo que exista mucha discusión es en la
eficiente utilización de esta máxima, sea o no de Maquiavelo, por el
actual régimen cubano. Desde su llegada al poder, comenzó “la tarea de
echar los hombres sobre los hombres” que “espanta”, como señalara Martí,
en su crónica sobre la muerte de Carlos Marx; atizando el odio de los
pobres contra los ricos; de los negros contra los blancos; de los hijos
contra los padres; de todos contra la religión y sus ministros; para
continuar en este festín del odio y las desavenencias, enfrentando a las
mujeres contra sus esposos. Sólo la revolución era importante, la
familia fuera de ella no significaba nada; era a lo sumo, rezago
burgués.
Cuando la complacencia original, comenzó a ceder, nada es eterno, se
acudió entonces a la coacción. Todos recordamos aquellas planillas,
bautizadas por la población como “cuéntame tu vida”, en la que no
faltaban: “Tiene familiares en el extranjero” y “Mantiene relaciones con
ellos”; todos conocíamos que una respuesta afirmativa a estas preguntas,
significaba la imposibilidad de obtener el empleo deseado o de cursar
los estudios universitarios que veníamos soñando desde la infancia. Por
eso contestábamos con un “NO” aunque tuviéramos algún familiar en el
exterior; fingíamos, engañábamos para sobrevivir, para tratar de
realizar nuestros proyectos. Nacía la “Doble moral”.
A finales de la década del 70, el sistema parecía consolidado, en 1979
cien mil cubanos regresaban a la isla para visitar a sus familiares; los
“gusanos”, devenidos en mariposas, aterrizaban cargados de regalos y de
ideas nuevas; el impacto fué inmediato, las acciones contra el régimen,
que prácticamente habían desaparecido, se volvieron a sentir; la
respuesta por parte de las autoridades fué el éxodo del Mariel; más de
125 mil cubanos escapaban de Cuba en embarcaciones procedentes de la
Florida, comenzaba la Reconciliación Nacional. Porque: “La
reconciliación no se dicta ni se decreta”, como señalan los miembros del
Grupo de Trabajo Memoria, Verdad y Justicia”; es parte de un proceso
histórico, que se va gestando, generalmente, de forma callada en la
sociedad, y que se puede manifestar hasta en una sonrisa o en un
estrechón de manos entre individuos, que según la prédica oficial,
debían ser enemigos.
Una de las más importanates y difíciles tareas que enfrentaremos los
cubanos en el futuro, el cual, todos deseamos que sea lo antes posible,
es la de la Refundación Nacional, o sea, la creación y consolidación de
una República que partiendo del estado de derecho, la tolerancia y el
respeto a los derechos humanos, permita crear el clima apropiado para
que todos los cubanos, independientemente de las opiniones políticas
pasadas o presentes, podamos desarrollar nuestros individuales proyectos
de vida; en este proceso jugará un papel de primer orden la sociedad
civil, que es la conciencia crítica de los pueblos. Esto es
indispensable, especialmente, en el caso cubano, ya que en este país no
tenemos ninguna experiencia previa en la administración eficiente de los
conflictos que deja la desaparición de un régimen totalitario.
Si pasamos revista a nuestra historia republicana encontramos que al
cese de la dominación colonial española, no se hizo justicia alguna; ni
se indemnizaron las propiedades confiscadas a los cubanos que se
opusieron al régimen colonial; ni se juzgó a los autores de crímenes que
hoy serían calificados de “lesa humanidad”. Estados Unidos, con el
Tratado de París de 1898, le garantizaría la impunidad a España.
Considero falso, lo que algunos sustentan de que la República prefirió
hacer borrón y cuenta nueva con los verdugos del pueblo cubano; la
legislación mambisa era severa y no hay porqué dudar, que los
responsables serían juzgados. La intervención de los EE.UU. lo impidió.
El resultado de aquella experiencia fué que , al instaurarse el gobierno
republicano, los perjudicados, convertidos ahora en gobernantes,
cobrarían al Erario Nacional lo que consideraron era justa compensación.
Similar situación tuvimos que enfrentar a la caída de la dictadura de
Gerardo Machado (1925-1933), cuando muy pocos de los que habían sembrado
el terror, fueron llevados a los tribunales, lo que predominó entonces
fué la venganza y el ajusticiamiento extra judicial, que se prolongó en
el tiempo, pues bien entrada la década del 40 todavía se estaban
ejecutando antiguos machadistas.
En 1959 una revolución triunfante se las tendría que ver con las
secuelas que dejó la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959). Su
planteamiento al pueblo fué: ni impunidad, ni venganza; los asesinos
serán juzgados de acuerdo a las leyes revolucionarias. Cuando la opinión
pública internacional reaccionó con preocupación, por lo sumarísimo de
los procesos y la cantidad de fusilados, Fidel Castro les contestó en
una manifestación, frente al antiguo Palacio Presidencial, el 16 de
Enero de 1959: “ La cuestión es que el pueblo lo que quiere es hacer
justicia y los enemigos de la revolución cubana no quieren que haya
justicia”, más adelante agregaba: “ A fin de cuentas, cuando se haga la
cuenta de los esbirros que van a ser fusilados (…) pues no llegarán a
450”. Y solamente en las Minas de Bueycito, asesinaron a 450 campesinos.
Cuando se terminó de hacer “justicia” con los batistianos, se siguieron
aplicando esas mismas leyes revolucionarias, con los mismos
procedimientos judiciales, pero ahora con no pocos de los que habían
luchado contra Batista, e incluso, habían participado en las anteriores
ejecuciones.
“Son dos las razones principales para confrontar un pasado sombrío:
curar a las víctimas de la tiranía y alterar las condiciones que
alimentaron a la dictadura para evitar que vuelva”.- Tina Rosenberg.
En nuestro caso, como en todos los regímenes totalitarios, la
responsabilidad se extiende a toda la población; todos en cierta medida
tenemos alguna culpa, ya bien sea por acción u omisión; es por eso que
la reconciliación tiene que empezar dentro de nosotros. Tenemos que
asumir nuestras faltas y proponernos cambiar. No habrá una auténtica
Reconciliación Nacional, si antes no somos capaces de reconciliarnos con
nosotros mismos; sin ese exorcismo colectivo, en donde la verdad sea lo
más importante, nuestra nación continuará expuesta a los caudillos
carismáticos y a las bajas pasiones que éstos son capaces de despertar.
Los responsables de crímenes y graves abusos deben ser juzgados; los
presuntos juzgados deberán enfrentar sus faltas ante la Nación, con
todas las garantías procesales, juicios limpios y juzgados por
tribunales independientes, con autoridad moral para buscar Justicia y
Reconciliación Nacional es el de la Comisión de la Verdad. El “Grupo de
Trabajo Memoria, Verdad y Justicia” la define de la siguiente manera:
“Un organismo oficial y temporal cuyo contenido es investigar una
determinada pauta de abusos registrados a lo largo de muchos años”. Los
resultados de estas comisiones en los diferentes países en los que han
operado, rebasan la brevedad a la que estamos obligados en este trabajo,
sólo señalaré que no sería beneficioso para Cuba, que la Comisión de la
Verdad que pudiéramos instalar en nuestro querido país, operara sólo
desde el poder, ocúpelo quien lo ocupe; sin un involucramiento efectivo
de la Sociedad Civil. Este organismo podría ser dañino, o en el mejor de
los casos inocuo, provocando en la población un sentimiento de
frustración nada saludable para la construcción de una sociedad
democrática.
Comparto el criterio del profesor Luis Aguilar León de ver a Cuba como:
“El proyecto capaz de dar largo salto sobre el presente” como “esa
motivación colectiva que pueda superar la coyuntura más terrible y aunar
las energías del pueblo cubano para reanudar la penosa marcha hacia un
futuro mejor”. Un proyecto para que por primera vez en nuestra historia
caminen en total armonía medios y fines; para superar la violencia y el
odio; para despertar la conciencia cívica. Sólo cuando seamos capaces de
realizar ese proyecto, sólo entonces, podremos estar seguros de que
llegó la hora de la Justicia y la Reconciliación Nacional.
Fin
Bibliografía:
Aguilar León, Luis: Reflexiones sobre Cuba y su futuro. Ediciones
Universal. Miami, Florida, 2003.
Castro, Fidel: El pensamiento de Fidel Castro. Selección temática, tomo
1, volumen 1. Editora Política. La Habana, 1983.
De la Osa, Enrique: En Cuba. Primer Tiempo. 1943-1946. Editorial de
Ciencias Sociales. La Habana,1975.
Grupo de Trabajo Memoria, Verdad y Justicia. Cuba la Reconciliación
Nacional. Centro para América Latina y el Caribe. Universidad
Internacional de la Florida, 2003.
Martí, José: Obras Completas. Tomo 9. Editorial de Ciencias Sociales. La
Habana, 1975.
|