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(transcripción revisada)
Partido Popular Republicano
(símbolo con antorcha e isla de Cuba)
PONENCIA
A: Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba.
A continuación, nuestro Partido tiene a bien exponerle a esta
distinguida asamblea, algunos puntos de vista que consideramos se deben
tener en cuenta a la hora de una pacífica transición en Cuba.
Para poder llevar a efecto una transición en Cuba, lo primero que se
necesita es potenciar la sociedad civil, la cual se encuentra debilitada
y dividida, producto de la represión continua generalizada, la política
migratoria, y la imposibilidad del PUEBLO CUBANO de participar en la
vida política de la nación. Como el régimen controla todos los medios de
difusión y comunicación, ejerce un estricto control sobre toda la
información que llegue a la isla o emane de ella, por lo que el pueblo
se encuentra desinformado y mal documentado al respecto, y por tanto no
se les facilita a los activistas en pro de los derechos humanos, una
posibilidad de ejercicio más completo de sus funciones.
Por eso, debemos esforzarnos por fortalecer todas las medidas RAZONABLES
que apoyen a la PACIFICA OPOSICION DISIDENTE como una parte esencial de
la política que puede contribuir a precipitar la caída del sistema. Las
distintas Organizaciones Internacionales, tales como la Organización
Internacional del Trabajo, la de los Derechos Humanos y otras, nos
pudieran ayudar mucho para poner al descubierto la verdadera situación
por la que atraviesa el pueblo de Cuba, y la de aquellos que aspiran a
un porvenir mejor dentro de la isla.
A continuación exponemos los diez (10) puntos esenciales que
consideramos se deben tener en cuenta para una posible transición en el
país:
1- Por una cuestión de principios humanos, como cristianos y de amor al
prójimo,
nos oponemos a toda violencia y derramamiento de sangre que acompañe a
la
transición.
Los procesos socio-políticos en la humanidad, que se han producido
durante el período de tránsito de una formación económica a otra
mediante cambios violentos en la vida de las sociedades, han sido por
oponerse el gobierno de los dominadores a cumplir la voluntad de
reemplazo del mismo por sus dominados, expresada generalmente de manera
pacífica inicialmente (peticiones populares, declaraciones de líderes,
huelgas, votaciones parlamentarias o gobernativas, marchas,
declaraciones estudiantiles, etc.); pero al triunfar a principios de la
década del 90 del siglo pasado, por vía pacífica, varios modelos de
gobiernos democráticos en América Latina, Asia y Africa, y disolverse el
campo socialista este-europeo de manera no violenta, se ha comenzado a
perfilar, que por una cuestión de principios humanos, inspirado en el
ideal universal de amor cristiano hacia el prójimo, es posible realizar
un cambio de régimen social exento de violencia y derramamiento de
sangre en cualquier país donde lleguen a dicho consenso de voluntades
gobernados y gobernantes, de manera exitosa y a corto plazo.
Es un principio práctico altamente positivo que ocurra una transición
incruenta, ya que la misma, a la vez que no sería traumática para la
sociedad por la inexistencia de la violencia y el derramamiento de
sangre, no dividiría sentimentalmente al país en cuestión, y permitiría
encauzar de manera normal y positiva todos los cambios que dicho proceso
de transformaciones inevitablemente engendraría en la vida y conciencia
social de todos los ciudadanos partícipes del mismo; para el logro de
una mejor vida colectiva en el marco de unidad y entendimiento de todos
los sectores de la existencia nacional. (1 Cor. 9:8) (Ecle. 3:10).
2- Nos oponemos a la pena de muerte.
La aplicación de la pena de muerte en Cuba, data desde los inicios de la
colonización de la isla, con el asesinato político de figuras de la
rebeldía indígena, como Hatuey y Caonao, costumbre que trajeron los
españoles heredadas de sus antepasados, y se mantuvo inalterable desde
1492 hasta 1938. En ese año, con la puesta en vigor del Código de
Defensa Social, se estableció la proscripción de la misma para todos los
delitos cometidos por militares en tiempos de guerra o contra la
República en casos de traición. Iguales consideraciones fueron
formuladas en la Constitución que se promulgó el 10 de Octubre de 1940.
Sin embargo, a partir del 1ro de Enero de 1959, en virtud de
disposiciones legales modificativas del CDS fundamentadas en la
aplicación de la Ley Penal de la República en Armas, ésta fué
reimplantada y extendida su aplicación a los civiles y militares
implicados contra la vida, bienes estatales y la seguridad y estabilidad
del país pertenecientes al derrocado gobierno, y contra las acciones
terroristas provenientes del exterior, con la intención de derrocar al
nuevo Gobierno. Considerando que la misma, a pesar de que se encuentra
regulada legalmente en el vigente Código Penal de manera estricta, y el
carácter irrevocable, irremediable y excepcional de las circunstancias
que permiten su imposición; producto de que el país es signatario de
numerosos tratados que protegen la vida, como existen otras condenas
privativas de libertad de carácter temporal prolongado o indefinido, es
posible la consideración por razones humanitarias, morales y
jurídico-político cristianos (Sal. 39:5), de la supresión de la
aplicación de esta pena de manera total, tanto para los militares como
para los civiles en época de paz, en todo tipo de delitos,
sustituyéndola por la privación de libertad perpetua y transfiriéndole
al Gobierno Central (como posee en la actualidad), la facultad de
ratificarle o sustituirla por la de 30 años de prisión, sin libertad
condicional esta última, por ser un permiso de gracia concedido en lugar
de la originaria.
3- Abogamos por una condena justa y moderada, según la esfera del
delito.
La adecuación de toda condena universalmente establecida en la esfera
del Derecho Penal, está determinada a partir de la conjunción de un
grupo de circunstancias en la apreciación de la magnitud del hecho
cometido, por parte del Tribunal juzgador, que aparecen reflejadas de
manera más o menos objetivas según el Código Penal del que la posea, el
sistema de derecho que éste adopte, y la escuela filosófica en materia
penal que se acepte como norma doctrinaria.
No obstante lo anterior, si es preciso dejar establecido que todo
delito, con independencia
de la naturaleza de que se trate (común o político), debe ser reprimido
con una condena justa y moderada, ya que es estrictamente necesario y
previsible, de acuerdo a los ideales que inspiran mundialmente la
aplicación de la justicia, desde los lejanos albores del imperio romano,
cuna y fuente del Derecho así reconocido. Para lograr el propósito
anterior, es preciso en primer lugar, que los jueces actúen sin ningún
tipo de presión por parte de órganos o personas ajenos al sistema
judicial que representan, con independencia de la actividad delictiva a
sancionar, no acepten sobornos ni para favorecer al acusado ni para
perjudicarlo, no actúen prejuiciados de antemano contra el o los
acusados por las referencias investigativas previas que existan de
ellos, en cuanto a su conducta moral y social en los expedientes de
instrucción si éstos fueran policiales o judiciales confeccionados por
la ocurrencia del delito, las circunstancias que conllevaron a éste,
tanto por motivaciones personales como sociales, económicas o políticas
de la sociedad en su conjunto al realizarse dicha conducta antijurídica,
las características de su personalidad, el medio en que se formó como
ciudadano, y en fin, todas las condiciones que rodearon el hecho y que
posean una máxima en su actuación, porque: todo sancionado es un ser
humano capaz física, psíquica e intelectualmente de comprender su error,
enmendar su conducta y volver a sociabilizarse al medio de que fué
separado por la pena impuesta, tan pronto extinga su sanción. (2 Cor.
3:9).
4- Abogamos por la reforma de la Constitución que justifique la ley
siempre a
favor del individuo.
La práctica histórica ha demostrado que la reforma constitucional en
todos los países del mundo y en épocas en que se ha efectuado, ha
implicado un determinado cambio de posición en las relaciones entre el
Estado y los ciudadanos del país, hacia un sentido de mejoría o de
empeoramiento de éstos desde todo el espectro posible de análisis de la
temática, valorada tanto cualitativa como cuantitativamente. No obstante
lo anterior, una reforma constitucional no debe olvidar jamás que la
familia es la célula fundamental de la sociedad humana, y el hombre,
como género animal, es el centro de la vida social alrededor del que
giran inevitablemente, todas las relaciones sociales que deben tener en
cuenta la concepción de que la LEY, aunque sea la voluntad política de
la clase en el poder, su gran función pública es la de servir al pueblo,
y debe ser esencialmente popular, concediéndole al ciudadano las mayores
ventajas democráticas posibles para el ejercicio de sus derechos, y el
máximo de garantías razonablemente adecuadas para el óptimo
desenvolvimiento de la vida del mismo en todos sus aspectos. (Ex. 24:12)
(Sal. 19:17, 40:8) (Gal. 3:24).
5- Abogamos por un sistema parlamentario multipartidista.
Consideramos y estamos plenamente convencidos que todo ser humano, debe
tener la opción y la libertad de pensar y opinar libremente, sean cuales
sean sus ideas políticas o sociales y económicas. Es por este motivo que
defendemos la idea del pluripartidismo, en donde cualquier persona
tendrá la opción de integrar un Partido Político de su preferencia, para
que de esta manera le sea posible intervenir en la vida política de su
patria, siempre y cuando ese Partido, Movimiento u Organización, esté
debidamente reconocido en el país.
6- Consideramos que deben ser rescatadas y restauradas las dimensiones
sociales,
políticas y religiosas.
Es imprescindible que en todo proceso de transición, a la par que se
introducen nuevas concepciones en la vida social, política y religiosa,
como el aporte de las ideas del grupo poblacional que asciende al poder,
sean rescatadas las corrientes de opinión sociales, políticas y
religiosas tradicionales e inherentes a la idiosincracia nacional de
reconocida influencia histórica en la vida ciudadana, que fueron
temporalmente no aplicadas por el sistema de gobierno anterior; ya que
la infraestructura ideológica de una vida democrática, es la vivencia y
coexistencia de todas las opiniones y teorías en materia de sociología,
política y religión en un país. Esta comunidad pacífica de modos de
pensar nuevos y viejos en la vida de una nación en tránsito es
inevitable en los primeros tiempos de la misma, hasta que con el
transcurso de éste, se inserten en la vida ciudadana, fundiéndose como
una ideología nacional y social única. (Sal. 51:12).
7- Consideramos que debe ser corregida la vulgarización de la vida
diaria.
Durante la transición, la vulgarización de la vida diaria sufre un
severo impacto, ya que los cambios inevitables en los aspectos
políticos, sociales y económicos de la realizada introducidos en el
nuevo régimen de forma inexorable conducen a imprimirle un nuevo giro a
la misma. Este giro, con el decursar del tiempo, va generando a partir
de la adaptación de la psicología social colectiva a efectuar
transformaciones en el modo de pensar de la población, a luchar por
desaparecer la vulgarización socializada de la vida cotidiana, a cambios
de actitudes. Modos de conducta y hábitos de vida de las personas en su
vida habitual, en pro de la obtención de una calidad de vida superior a
la antes existente, con el enriquecimiento de los valores morales y
cívicos ya preestablecidos. (Sal. 94:10).
8- Consideramos un deber de los participantes en esta transición,
hacerle frente a
una multitud de problemas e interrogantes que suelen aparecer en una
reconstrucción semejante.
Es imprescindible dejar establecido que, partiendo de la premisa de que
todos los ciudadanos del país son los responsables (por ser actores) del
destino político de éste, dentro del conjunto de naciones al que
pertenece, en caso de un proceso de transición social de un régimen a
otro, tanto de manera pacífica (elecciones, acuerdos Gobierno-Oposición,
diálogo o reconciliación interna, etc.) como violenta (rebelión popular,
sedición en las Fuerzas Armadas, golpe de estado, etc.), quedaran
obligados a participar en la misma y hacerle frente a un conjunto de
problemas e interrogantes que suelen aparecer en un cambio social de tal
naturaleza. Esta ineludible participación ciudadana, como deber social
de la misma en primer lugar como interrogante a enfrentar, se encontrará
en la reestructuración del nuevo modelo de Estado y de Gobierno que
existirá en el primer caso y se constituirá en el segundo, el que es en
nuestra opinión el mayor desafío por delante y del que se derivarán
todos los restantes de las mas disímiles naturalezas: social, política,
religiosa, económica, cultural e institucional de manera general, ya que
el nuevo tipo de país que surgirá, no solamente arrastrará los problemas
del otro modelo político sustituído, sino también los que surgirán a
partir de la creación de su nuevo programa de desarrollo de todas las
esferas de la vida nacional, panorama de naturaleza esencialmente
interna del que no puede abstraerse de accionar de una manera u otra, de
acuerdo a su esfera de influencia personal en la vida social, ningún
habitante del país en cuestión. (2Cor. 9:7).
9- Consideramos otro deber ineludible de todo ciudadano su participación
de una
forma u otra en dicha transición.
Derivado de lo antes expuesto, es de considerarse inexorablemente que
ningún ciudadano de cualquier país del mundo donde ocurra una situación
de cambio social de una formación socio-económica deje de participar en
ella de forma activa, inicialmente a partir de su colaboración desde la
esfera laboral en que se desenvuelva: campesino, militar, obrero manual,
etc., y en segundo lugar, a partir del conjunto de instituciones a las
que pertenezca, tanto a las del viejo sistema que sobrevivan con nuevo
contenido de acción, como a las nuevas que se creen por el nuevo
Gobierno en el poder. Esta participación, que por lo antes señalado no
es solamente multisectorial, sino que se hará intersectorialmente en la
vida del país, interior y exteriormente estará determinada por el nivel
de participación popular en la forma de gobierno que se establezca, el
sentido que éste le concede a la proyección del mismo hacia la
ciudadanía y sus instituciones, apoyo, restricciones que se impongan a
la iniciativa ciudadana o la magnitud de la liberalidad que se otorgue a
éste, etc. (Prov. 3:27).
10- Consideramos en fin, que una transición hacia la DEMOCRACIA debe ser
equilibrada mediante la preocupación de lograr un porvenir mejor CON
TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS.
Todo proceso de cambio en un país que implique la implantación de forma
y contenido de un régimen de transición social entre una estructura
política caduca y una nueva progresista, para que sea plenamente
exitosa, ha de procurarse que sea equilibrada entre todos los factores
implícitos en la misma, en aras de lograr un país en todas las facetas
de su vida como persona jurídica, mejor. Esta situación de cambio debe
preverse que sea lo más gradual posible, sin violentar etapas con saltos
que ocasionen incomprensiones en la población, descontentos o
manifestaciones de rechazo por carencia de conocimientos o información
de lo que se va a realizar estatalmente, sin grupos de medidas aplicadas
al unísono, sino escalonadamente, viendo siempre cuales pueden ser los
sectores más beneficiados y perjudicados; de manera ponderada, aunque
con un fin común para todos los ámbitos de la vida del país: la
obtención de un porvenir mejor que el anteriormente conocido, con todos
los ciudadanos y para el bien de todos en cuestión, ya que una plena
participación popular en la dirección del país es inseparable de obtener
un porvenir mejor, puesto que una mayor participación ciudadana tiene
que ser no sólo activa sino también pasiva, pues un futuro mejor
requiere de dirección y trabajo adecuado para la obtención de dicho
propósito desde el inicio de la transformación. Esta transición, de una
situación de absolutismo político e ideológico hacia una democracia en
ambas esferas de la vida, comprendiendo las dos situaciones anteriores,
se hallan inseparablemente ligadas entre sí, y la consumación de dichos
propósitos, indisolublemente interrelacionados en el quehacer nacional.
“PRIMERO LA REPUBLICA, DESPUES LA REPUBLICA Y SIEMPRE LA REPUBLICA”
COMITE DIRECCION Partido Popular Republicano.
DADO en Ciudad de la Habana a los 10 días del mes de Diciembre del 2004
(hay un sello con Partido Popular Republicano, una antorcha , isla de
Cuba, Patria y Libertad, dos estrellas)
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