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PREFACIO A LA EDICION DE 2005
(transcripción revisada)
En 1997 se publicó La Patria es de Todos, a modo de crítica a la
dificilísima situación afrontada por nuestro país y de respuesta al
documento elaborado por el Partido Comunista de Cuba de cara a su V
Congreso. Pese a que ello se había hecho en respuesta a la invitación
formulada a los ciudadanos para que expresasen sus criterios al
respecto, unos días después de dar a conocer nuestras ideas fuimos
conducidos al cuartel general de la policía política, en lo que
constituyó el prólogo a varios años de injusta prisión. Desde entonces
ha decursado bastante tiempo.
Cualquiera podría pensar que, en un mundo tan dinámico como el actual,
los ocho años transcurridos son más que suficientes para que un
documento político como el elaborado por nosotros pierda actualidad y
quede solamente- en el mejor de los casos- como objeto de la curiosidad
de los estudiosos de la historia. No en Cuba: Nuestra sufrida Patria,
que desde hace más de 46 años padece un régimen que se dice
revolucionario, es en relidad uno de los países más inmovilistas del
orbe. Las autoridades castristas rechazan a rajatabla cualquier medida
que implique un cambio real, y esto ha conducido a que –
desgraciadamente para los destinos de nuestro hogar nacional – aquel
escrito de hace ocho años mantenga aún su total vigencia, lo que implica
que en todo ese tiempo no ha pasado algo que mejore la calidad de vida
del ciudadano común.
Ciertamente: Cuba continúa sufriendo un régimen totalitario, y el
unipartidismo vigente – impuesto por decreto desde las cumbres del poder
– sigue siendo presentado como una supuesta manifestación de la “unidad
del pueblo”. Lo mismo puede decirse de los objetivos que busca con su
actuación el gobierno: no servir al pueblo, sino ser su dictador. Se
mantienen la falta de libertades y la represión, que hace ya casi dos
años alcanzó una nueva cumbre durante el llamado Marzo Negro de 2003. La
justicia continúa ausente de nuestro suelo, pues los tribunales –al
igual que los demás organismos – se pliegan a la voluntad del poder
totalitario. El cubano mantiene su condición de persona de tercera clase
en su propio país.
La economía permanece en la misma situación ruinosa que denunciábamos en
1997, aunque agravada al extremo de haber caído en una crisis
irreversible; lo que se quiere hacer ver como un logro financiero – el
cambio del uso del dólar por el del peso convertible (que carece de
valor por falta de respaldo material) – en breve se convertirá para el
propio gobierno en un bumerán y ocasionará consecuencias desastrosas
para nuestro pueblo. Este último sigue sufriendo carencias de todo tipo
(tanto en lo material como en lo espiritual).
En los casos en que señalábamos el lapso durante el cual se había
mantenido una determinada situación, el fenómeno persiste todavía, sólo
que ahora es más antiguo: el racionamiento dura ya 43 años, con lo que
cada día se establece un nuevo record mundial virtualmente imbatible; el
fracaso de las UBPC, que augurábamos en base a la experiencia de un
trienio, adquiere títulos de certidumbre ahora que ha decursado más de
una década.
En cuanto a las llamadas “conquistas de la Revolución” que el régimen
enarbola como su justificación histórica – y que al momento de publicar
La Patria es de Todos tenían más de una treintena de años de antigüedad
– pasan ya de la cuarentena, de modo que éste es ahora el período
durante el cual el régimen ha permanecido sin aportarle nada al sufrido
pueblo cubano.
Pese a que cualquier análisis objetivo de los datos históricos demuestra
el efecto negativo que el mantenimiento por decenios del status quo ha
tenido y tiene en los destinos de nuestra Patria, el régimen sigue
recurriendo a la práctica de tergiversar la historia – y aún la realidad
– para tratar de justificar su continuada permanencia en el poder. A
esos efectos no vacila – en los hechos – en presentar el constante
enfrentamiento con nuestros vecinos del norte – a los que pretende
culpar de todas las desgracias nacionales – como la razón de ser de
nuestro Estado.
Pese a la profundidad de la crisis, las autoridades continúan
mostrándose incapaces de exhibir un programa concreto para sacar a Cuba
de esa terrible situación, y de modo análogo carecen de un plan de
medidas para solucionar los diferendos internacionales existentes. Esos
señores, que no tienen nada viable que ofrecerle al pueblo, no hacen más
que plantearle a éste la necesidad de “resistir”, sin tomarse la
molestia de explicarle para qué. También recurren a campañas absurdas
como La Batalla de Ideas, que más que tal es en realidad una batalla
contra las ideas, pues la prioridad de la misma es la imposición de los
criterios del gobierno y la represión de los que se atreven a pensar con
su propia cabeza, ya que han sido y son incapaces de satisfacer las
carencias que ellos mismos han ocasionado con su ineficiencia y su
control absoluto.
No es necesario seguir esperando: Está demostrado que, dentro del modelo
actual, ni ocho años más serán suficientes para que nuestro pueblo halle
una respuesta. En vista del estado de verdadera postración en que se
encuentra nuestra Patria, hoy más que nunca se hace necesario avanzar
hacia la democracia y buscar una salida pacífica a la honda crisis. En
ese camino – en el que creemos que el documento publicado hace ocho años
debe permanecer como la bandera con la que llevemos a feliz término
nuestra lucha por la libertad – debemos contar con cada uno de los
miembros de la Nación Cubana, pues estamos cada vez más convencidos de
que LA PATRIA ES DE TODOS.
La Habana, Enero de 2005
(firmas)
Félix Antonio Bonne Carcassés
René Gómez Manzano
Vladimiro Roca Antúnez
Martha Beatriz Roque Cabello
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