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INFORME CENTRAL
DEL GRUPO EJECUTIVO AL PLENO DE LA APSC
Distinguidos invitados,
Hermanos delegados de las organizaciones miembros de la Asamblea
para Promover la Sociedad Civil,
Señoras y señores:
A pesar de las dudas que muchos tenían al respecto, nos encontramos
reunidos hoy aquí, en esta modesta área que hemos logrado
acondicionar dentro de nuestras limitaciones, a fin de celebrar la
reunión general de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil.
Extendemos a todos nuestra más cordial bienvenida.
Constituye un verdadero honor contar con la presencia de
diplomáticos extranjeros acreditados en nuestra Patria, de otros
huéspedes distinguidos, que nos han honrado al concurrir a este
evento, entre ellos los miembros de honor de la Asamblea y los
familiares de presos políticos. Esperamos que las múltiples
responsabilidades que ellos tienen, no les impidan estar presentes
en nuestras reuniones plenarias y en algunas de nuestras comisiones,
a fin de escuchar los planteamientos que tengan a bien hacer los
miembros de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Le damos
también las gracias por su presencia a la prensa acreditada.
Sabemos que, entre los demócratas residentes en el extranjero, eran
muchísimos más los que expresaron su deseo de viajar a La Habana con
el propósito de participar en nuestra reunión general; la prensa ha
estado informando ampliamente sobre las declaraciones y las
gestiones realizadas por ellos con ese fin, pero una vez más ha
imperado la postura tradicional del gobierno totalitario, que ha
negado las visas correspondientes. Se trata apenas de una muestra
adicional de inmovilismo del régimen.
Entrando de lleno en los temas que trataremos en este congreso,
deseamos abordar en primerísimo lugar, como ha sido la regla en las
reuniones de nuestra coalición, el tema de los presos políticos y de
conciencia. Para ellos demandamos la excarcelación inmediata e
incondicional; o sea: una liberación total, sin listas, plazos,
condiciones, exclusiones ni destierro.
Como se sabe, a lo largo de estos últimos 46 años, nuestra Patria ha
contado con miles y miles de presos políticos. Uno de ellos, Mario
Chanes de Armas, quien fuera asaltante del Cuartel Moncada,
permaneció privado de libertad durante treinta años, ¡un verdadero
record mundial! Otros muchos han padecido esa situación durante
decenios. En la actualidad, entre los que llevan más tiempo
encarcelados, es justo que recordemos hoy, de modo especial, los
casos del doctor Oscar Elías Biscet, Jorge Luis García Pérez
(Antúnez), Néstor Rodríguez Lobaina y Francisco Chaviano.
También debemos mencionar el Grupo de los 75, al cual pertenecen
opositores y disidentes de todo el espectro de la incipiente
sociedad civil cubana, entre ellos varias docenas de miembros de
nuestra Asamblea. Uno en particular puede ser mencionado para
ejemplificarlos a todos estos últimos: el economista independiente
Arnaldo Ramos Lauzurique, quien tuvo una actividad particularmente
destacada en los primeros pasos que se dieron con vistas a la
creación de la APSC.
Al tratar este tema de los cautivos por motivos políticos, no
podemos dejar de señalar que nuestra Patria tiene el triste
privilegio de ocupar el primer lugar mundial por el número de
prisioneros de conciencia reconocidos por prestigiosas
organizaciones internacionales tales como Amnistía Internacional.
Sirva este señalamiento como forma de renovar nuestra enérgica
condena al régimen totalitario por sus crueles políticas que lo han
conducido a obtener para Cuba esta triste distinción.
Compatriotas y amigos extranjeros, como es obvio, nos encontramos en
la primera reunión general de la Asamblea para Promover la Sociedad
Civil, pero creemos al propio tiempo que por ser el primer encuentro
de tanta envergadura de las fuerzas que en nuestro Archipiélago
discrepan del régimen totalitario imperante y luchan pacíficamente
en pro del desarrollo de la sociedad civil, existen plenos
fundamentos para que este evento pueda ser considerado con toda
justicia como el primer congreso de demócratas cubanos.
Nuestra Asamblea, fiel al talante incluyente que siempre la ha
caracterizado, invitó a todas las fuerzas de cierta importancia
dentro de la disidencia. La generalidad de ellas aceptó la
invitación cordialmente formulada. Ése es el caso del movimiento
Todos Unidos y su portavoz, nuestro hermano de causa Vladimiro Roca,
al que debemos mencionar en primer término no sólo por ser la más
numerosa de las agrupaciones disidentes que no forman parte de
nuestra Asamblea, sino también por el significativo aporte
financiero que hizo para el éxito de nuestra reunión.
Igualmente es justo que mencionemos a la Fundación Lawton y su
presidente el doctor Biscet, las Damas de Blanco, que asisten a
título personal, el grupo de los Plantados (del que aquí en Cuba
forma parte Julio Ruiz Pitaluga, quien entre los compatriotas
residentes en el Archipiélago tiene el triste privilegio de ser
quien durante más tiempo ha permanecido en las prisiones castristas:
¡más de veinte años!), así como la organización primada de la
disidencia interna: el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, que
encabeza aquí dentro de nuestra Patria don Gustavo Arcos Bergnes,
también Miembro de Honor de nuestra Asamblea, verdadero decano de la
lucha pro-democracia en Cuba.
En el caso de la APSC, no queremos abusar de la paciencia de los
presentes; por ello no podemos enumerar a todas las organizaciones
miembros y a sus respectivos delegados. Llevaría demasiado tiempo
hacer la relación completa de todos ellos. ¡Baste decir que ellos
han sido el alma de este proceso y de esta reunión! No obstante, es
justo que mencionemos en forma general el gran trabajo realizado por
la Comisión de Aseguramiento, encargada de garantizar las
condiciones materiales para el desarrollo de nuestras labores.
Otra mención obligada es la que debemos hacer es la de los hermanos
encargados de acondicionar esta modesta área en la que nos
encontramos reunidos, lo cual llevaron a cabo en breve tiempo por
medio de un trabajo arduo y efectivo. Aunque las razones son
evidentes para quienquiera que viva en Cuba, no está de más aclarar,
para beneficio de nuestros amigos que residen en el extranjero, que
la selección de este terreno al aire libre no obedece a alguna
aberración de los miembros de la APSC. Lo que sucede —sencillamente—
es que en nuestro suelo, para nosotros los que discrepamos
públicamente de las políticas oficiales, está excluida toda otra
opción que sería normal en cualquier país civilizado, tal como la de
alquilar algún teatro para los dos días de duración del evento. Esta
circunstancia nos ha obligado a recurrir a la hospitalidad de la
familia del profesor Félix Bonne Carcassés, que ha soportado con
gran entereza las condiciones derivadas de esta situación. Vaya a
ella nuestro agradecimiento por habernos brindado el lugar para
reunirnos.
Como se sabe, la represión ha sido una constante desde el inicio
mismo de los trabajos preparatorios y hasta ahora; las diversas
modalidades represivas empleadas por la policía política en los
distintos casos, están bien documentadas en el sitio-web de nuestra
coalición: asambleasociedadcivilcuba.info
Presumimos que, del mismo modo que las fuerzas represivas impidieron
o dificultaron la asistencia de los miembros de la Asamblea a las
distintas reuniones preparatorias, así también haya impedido la
asistencia de hermanos y hermanas que sí estuvieron presentes en
varios de esos eventos, que sabemos que deseaban ardientemente estar
con nosotros hoy aquí y que desconocemos hasta el momento por qué no
han venido hasta ahora.
No obstante, se encuentran presentes los representantes de ...... de
las entidades miembros de la APSC. Nuestra Asamblea —pues— es una
realidad, una verdad, y no el engaño, la mixtificación que algunos
han afirmado o han creído. Los dirigentes de muchas de los
centenares y centenares de organizaciones miembros no sólo han
facilitado las fotografías que figuran en nuestro sitio-web, sino
que han acudido masiva y valientemente a poner su cara aquí, en
persona, en este histórico evento.
También han participado destacadamente nuestros hermanos del Exilio,
parte inseparable de la Nación Cubana. Nos llena de satisfacción
saber que la causa de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil y
nuestro congreso hayan servido para unir como nunca antes a esos
compatriotas nuestros. Hay que decir que, por encima de las
calumnias que suelen proferir los voceros del gobierno cubano, el
hecho cierto es que ha sido el apoyo material brindado por nuestros
hermanos exiliados lo que ha permitido realizar todo el trabajo
preparatorio, acondicionar en lo posible esta modesta área en la que
estamos reunidos y llevar a cabo este propio congreso.
Esta realidad (la participación —directa o indirecta— de la
generalidad de las organizaciones democráticas, tanto del
Archipiélago como del Exilio, el concierto de la inmensa mayoría de
los que discrepamos del gobierno comunista, tanto dentro como fuera
de la Patria) es lo que nos permite afirmar que la que está en
asamblea es la Cuba democrática.
No deseamos hacer aquí una historia completa de todos los esfuerzos
efectuados para crear la Asamblea para Promover la Sociedad Civil.
Sí consideramos que es conveniente realizar una sinopsis de los
hitos fundamentales de su desarrollo, comenzando con el
levantamiento o inventario de las organizaciones disidentes llevado
a cabo en el año 2000, que arrojó una cifra de algo más de
cuatrocientas entidades independientes, a las que habría que sumar
una veintena aproximadamente que tuvo a bien no registrarse en aquel
momento.
Después se elaboraron los Estatutos iniciales, y se inició el
proceso de ingreso a la Asamblea, la que en unos meses llegó a
contar con más de trescientas de las organizaciones existentes, lo
que —como es obvio— constituye una amplia mayoría.
El sostenido ascenso de la actividad asambleísta llegó en marzo de
2003 a la realización del ayuno en solidaridad con el doctor Oscar
Elías Biscet y los restantes presos políticos, que constituyó
también una destacada muestra de la unidad esencial de los
activistas pro-democracia y pro-derechos humanos: la generalidad de
las distintas agrupaciones y entidades, representadas por sus
respectivos dirigentes, concurrió a mostrar su solidaridad con aquel
empeño. Pero precisamente por esas fechas comenzó la feroz
arremetida represiva que condujo a prisión a veintenas de cubanos
por el solo hecho de discrepar de las políticas del régimen
totalitario y expresarlo abiertamente.
No caben dudas de que la detención y el rápido enjuiciamiento
subsiguiente de esos luchadores pacíficos constituyó un duro golpe
para la incipiente sociedad civil cubana en general, y en particular
para la Asamblea que brega por desarrollarla e impulsarla.
Resultaría improcedente negar que esa ofensiva trajo consigo una
relativa limitación de la actividad de toda la disidencia, o que, en
vista de los acontecimientos, una porción minoritaria de los
activistas optó por un compás de espera. Al igual que sucedió con
otras agrupaciones y organizaciones, también el trabajo de la APSC
mermó, aunque jamás cesó.
Después de decursados los primeros meses, el trabajo de la Asamblea
para Promover la Sociedad Civil comenzó a incrementarse de nuevo,
primero de forma discreta, y después con rapidez cada vez mayor.
Esto se materializó de modo particular cuando, en octubre de 2004
—hace apenas ocho meses—, se lanzó la convocatoria para esta reunión
general. Como se recordará, en esa oportunidad se le pidió a cada
organización miembro de la Asamblea que planteara los puntos que —en
su opinión— debían tratarse durante el proceso preparatorio de la
reunión general, que presentase los trabajos que consideraran
pertinentes y que sugiriera qué fecha era la apropiada para la
celebración de nuestro cónclave.
Fue de ese modo absolutamente democrático, otorgando a cada
integrante de nuestra coalición la posibilidad de manifestarse y
hacer libremente sus aportes, que se preparó la agenda para todo el
trabajo preparatorio de nuestro actual congreso; de esa misma manera
se escogió —con la aprobación de más de los dos tercios de las
organizaciones que se pronunciaron al respecto— la fecha del 20 de
mayo. Sabemos perfectamente que el régimen imperante, que aspira a
proyectar la imagen de que la verdadera historia de Cuba comenzó el
primero de enero de 1959, niega y demoniza esa fecha patria,
pretendiendo negar su importancia. Como es evidente, ése es otro
punto más en que los demócratas cubanos discrepamos del gobierno
totalitario: aunque no negamos la existencia de aspectos negativos
en aquel proceso, nos sentimos orgullosos de reunirnos hoy, en el
aniversario número 103 de la proclamación de nuestra república
Retornando al tema de la preparación de este congreso, hay que decir
que, aunque sólo se prolongó por unos meses, la labor fue intensa.
En total, las reuniones dirigidas a elaborar los proyectos de
resoluciones fueron no menos de seis. Como fruto de ese trabajo bien
organizado están los proyectos de resoluciones a las que a partir de
esta tarde las respectivas comisiones deberán dar los toques
finales.
Compatriotas y amigos, la idea de celebrar esta reunión general de
la Asamblea para Promover la Sociedad Civil ha tenido una acogida
verdaderamente admirable en el seno de toda la Nación Cubana —tanto
en el Archipiélago como en el Exilio— y entre todos los que se
interesan por las cosas de nuestra Patria. Aunque este congreso es
—a no dudarlo— el punto culminante de la primera etapa de trabajo de
la APSC, es también el punto de partida para la intensa labor que
debe desempeñarse en lo adelante.
Entre las iniciativas que deberemos abordar en lo porvenir —y que
aparecen recogidas en los proyectos de resoluciones de distintas
comisiones, podemos señalar ideas concretas importantes, tales como
la de constituir las ACC (agrupaciones cívicas comunitarias), la de
impulsar decididamente las farmacias y las bibliotecas
independientes —incluyendo la celebración del primer congreso de las
bibliotecas independientes adscritas a nuestra Asamblea— y la de
crear la revista de la Asamblea, entre otras.
Abrigamos asimismo la firme esperanza de que nuestro congreso
constituya el punto de partida para un desarrollo impetuoso de la
sociedad civil cubana, de entidades independientes del todopoderoso
estado totalitario, que aspira a controlar y dirigir cada resquicio
de la actividad de sus súbditos. Del mismo modo que la fatídica
consigna “Todo dentro del Estado; nada fuera del Estado” fue
enarbolada en su momento por Benito Mussolini y sus fascistas, así
también Fidel Castro y los comunistas cubanos han proclamado
abiertamente: “Dentro de la Revolución todo; fuera de la Revolución
nada”. Está de más decir que, al emplear el vocablo “Revolución”, se
están refiriendo al régimen absolutamente inmovilista instaurado por
ellos hace más de cuatro décadas.
Esa consigna, aunque anunciada en un inicio para el importante
sector de la creación intelectual, refleja en realidad la actitud
asumida por el régimen castrista ante la sociedad cubana en su
conjunto. No en balde el documento que ese mismo régimen exhibe como
su fundamento jurídico, la llamada Constitución socialista, declara
en su artículo 5 que el Partido Comunista es la fuerza dirigente
superior de la sociedad y del estado; o sea, que el equipo dirigente
que impera hoy en Cuba aspira de manera expresa a controlar y
dirigir no sólo todos los órganos estatales, sino también la vida
toda de la sociedad.
Precisamente el motivo de nuestra presencia aquí hoy, la razón de
ser de las organizaciones independientes que pertenecen a la
Asamblea para Promover la Sociedad Civil, al igual que la de otras
muchas entidades disidentes, es nuestra radical inconformidad con
esos planteamientos, nuestra profunda convicción de que ningún
estado, ningún régimen, ningún partido tiene derecho a controlar la
vida entera de una nación. Por eso estamos aquí.
Curiosamente, el mismo régimen totalitario que proclama ufano
“Dentro de la Revolución todo; fuera de la Revolución nada” está
enfrascado hoy en una campaña que ha titulado Batalla de Ideas.
Resulta evidente lo inadecuado, tanto del primer sustantivo, como
del empleo del plural: No se trata de una batalla, sino de una mera
arremetida propagandística: no puede hablarse de batalla cuando de
antemano se descalifica al adversario y se niega hasta la simple
posibilidad de que tenga algún pensamiento digno de ser debatido, o
algo que aportar a la solución de la crítica situación nacional.
Tampoco puede hablarse de ideas en plural, sino de una sola idea, en
singular: de lo que se trata es de la idea única que, acerca de Cuba
y su destino, tiene el actual equipo gobernante. Esa es la que, con
diversos matices y estilos personales, se repite constantemente
hasta el agotamiento.
Frente a esa predisposición congénita al monopensamiento que es
consustancial al régimen comunista, se alzan las ideas pluralistas y
democráticas de la disidencia cubana y —en particular— las que han
encontrado su cauce de expresión en el seno de la Asamblea para
Promover la Sociedad Civil. Aspiramos a que todo ese rico caudal
ideológico se vea plasmado adecuadamente en las resoluciones que en
definitiva adopten las distintas comisiones de este congreso. Con
ese motivo, les deseamos a éstas el mayor éxito en su trabajo.
Distinguidos delegados e invitados, las labores de nuestra reunión
general apenas comienzan. Pese a ello, nos atrevemos a asegurar que
este reunión que nos hemos visto obligados a celebrar en este
modesto patio habanero, llegará a alcanzar una importancia capital
en la lucha pacífica del pueblo soberano de Cuba por la reconquista
de sus libertades conculcadas.
Estamos convencidos de que, cuando en el futuro se hable de la lucha
pacífica en pro del cambio democrático, se hablará de un antes y un
después de este congreso de demócratas cubanos. En eso radica su
trascendencia. Eso es lo que verdaderamente importa. Creemos que no
es una exageración afirmar que estamos haciendo historia.
Prosigamos pues nuestras labores; les deseamos éxitos a las
comisiones en su trabajo, y permanecemos cada vez más convencidos de
que LA PATRIA ES DE TODOS y de que realmente VAMOS A ABRIR LA
PUERTA.
Muchas gracias.
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